El vuelo

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chiara

Particularmente ingrato y solo apto para mentes de hierro, el salto con garrocha castiga incluso a los candidatos: un mal salto al principio, con frío y nervios, y las dudas ingresan irreversibles a ese recoveco inalcanzable de la mente. Los últimos pasos antes del salto, de coordinación y aceleración a la vez, son para los valientes: la duda provoca frenos en la carrera y empeoran el salto.

Así pudo sucederle a Germán Chiaraviglio en Toronto, luego de realizar dos nulos en 5.20: la que comenzaba como una mañana para el olvido terminaría siendo una jornada para los libros de historia. Chiaraviglio se repondría, saltaría 5.20 y no pararía hasta los 5.75 para la plata panamericana, su segunda medalla en la competencia.

“Esto es un renacer para mí”, diría coronado de gloria: es que para Chiaraviglio significó romper su propio record argentino, que había estado vigente desde 2006. Desde entonces, lesiones y dudas habían hecho que el santafesino no vuelva a volar por semejantes alturas, hasta este año, cuando dio señales de que las operaciones, el dolor y el esfuerzo podrían tener otro destino que no fuera el fin.

Con los dientes apretados y el fantasma del pasado colgando de sus talones, entonces, corrió Chiaraviglio para saltar la vara, más alta que nunca. Solo que esta vez y para siempre, finalmente, pudo sacudirse al pesado espectro de lo que fue y lo que debió ser, para transformarse en lo que es.

 

 

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