Doble falta de la organización

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La Argentina ganó hace dos meses su primera Copa Davis de la historia y la defensa de su título la comenzaba como local. Más allá de cómo terminase la serie, todo estaba predispuesto para que sea una fiesta y se puede festejar el título en casa como se merece. Pero eso estuvo lejos de pasar.

La organización comenzó con el pie izquierdo desde la previa: con la ausencia de Del Potro, el as de espada para vender la serie era que Argentina venía de ser campeón, pudiéndose organizar un homenaje a los campeones con el público argentino presente, pero esto no ocurrió. Lo único que se hizo fue exponer la ensaladera en una carpa y nada más. Para colmo el precio de las mismas no hicieron más que ahuyentar a la gente.

El escenario estuvo lejos de ser el indicado: una estructura tubular para 6.000 personas que no presentaba demasiadas comodidades para los presentes. El mejor ejemplo eran las dos cabeceras altas, sectores de tablones sin butacas que habían sido vendidas como si hubiese. Los jugadores tampoco tuvieron mucho confort, ya que si querían ir al baño durante el encuentro tenían a disposición un baño química al lado de la cancha. Tener a un coloso como el Parque Roca casi abandonado, esperando unas obras de techado que año tras año se atrasan cada vez más, es un pecado.

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Pero más allá de la infraestructura, el público que asistió al público se sintió molesta desde el primer día de la serie. El viernes había, con suerte, alrededor de 2.000 personas sobre las 6.000 posibles. Pero a la hora de ingresar al Parque Sarmiento, la organización hizo parecer que había 10.000. Tras varias idas y vueltas que no tuvieron demasiada explicación, la gente ingresó recién al estadio ¡15 minutos! antes de que comience el partido entre Pella y Lorenzi. Como frutilla del postre, una de las tribunas altas laterales no estaba habilitada por la falta de una media sombra.

Pero sin dudas que el momento crítico estuvo el lunes: tras la postergación del quinto punto el domingo a la tarde la Asociación Argentina de Tenis anunció que la entrada iba a ser libre y gratuita. La logística fue la siguiente: hasta la hora del partido ingresaban los que tenían la entrada del domingo y, luego, el resto por orden de llegada hasta llenar el estadio. En un partido de tenis el público puede ingresar o salir de la cancha cada tres games, por ende, la gente entró a cuanta gotas y el escenario se llenó recién el tercer set.

La cola de personas ilusionadas con ver el partido superó el kilómetro, y fueron más de 2.000 las que se quedaron afuera. La gente que no pudo entrar recién se enteró de esta noticia una vez que llegaba en la puerta, ya que nadie de la organización se acercó a comunicarlo y apenas algunos policías (que escasearon en la zona) se lo iban comentando a los presentes. Esta situación desató la locura: una multitud ingresó por un sector prohibido al Parque Sarmiento e intentó ingresar a la fuerza al sector vallado dónde estaba montado el estadio. Los encargados de tratar de calmar a la gente y sostener las vallas fueron personal de seguridad privada, que se vieron en todo momento desbordados. 

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Sin dudas que esta serie tiene que haber encendido una alarma en la Asociación Argentina de Tenis, que deberá repensar mejor las futuras organizaciones. La chance de explotar al máximo a la Argentina campeón de la Copa Davis ya fue desperdiciada.

 

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