#AnuarioDDC El camino al oro de Lange/Carranza

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“¿Querés navegar conmigo en Nacra 17?”, le preguntó Santiago Lange a Cecilia Carranza quién, luego de quedar vigésimoprimera en Londres 2012 en clase Laser radial, decidió aceptar el desafío y adentrarse a una nueva aventura. Dicha embarcación se había diseñado en 2011 y la Federación Internacional de Vela recién la había anunciado como clase olímpico para Río 2016.

De esta manera Lange/Carranza comenzaron a recorrer las aguas de Sudamérica y Europa para empezar a tomarle ritmo a la nueva embarcación, teniendo como primer objetivo el Mundial de Santander 2014. Tras varios estar presente en varios competencias de yachting de menor nivel, el tándem argentino llegó en buen nivel a la Copa del Mundo y lo demostró en dicho torneo: medalla de plata y clasificación a Río 2016.

“Objetivo cumplido. Disdrutando de haber podido clasificar a nuestro país a los próximos Juegos Olímpicos y haber hecho un gran torneo”, expresó Lange en su cuenta oficial de Facebook desde tierras vascas. A falta de dos años, la mira ya estaba en la cita olímpica.

Antes de que finalice el 2014, el 2015 ya estaba planificado para Lange/Carranza: competencias en Europa hasta noviembre y, a partir de allí, instalación en Río de Janeiro para adaptarse a las (contaminadas) aguas olímpicas.

Pero cuando parecía que todo parecía que marchaba sobre rieles, la historia cambió: Santiago se descompuso estando en Barcelona junto a Cecilia y, al hacerse los estudios, los médicos le dijeron que tenía un tumor en el pulmón. La familia, también del palo del yachting, decidió estar junto a él en ese duro momento y hacer todo lo posible para que esté mejor.

Los meses fueron pasando, y los doctores que iban siguiendo su enfermedad no dudaron en que la mejor solución era la operación. El 22 de septiembre, el día que cumplía 54 años, un anestecista catalán lo durmió por unas horas y comenzó la extracción del pulmón afectado. La operación terminó siendo un éxito.

Mientras Santiago se recuperaba, muchos ya comenzaban a descartar su participación en Río 2016, pero… 25 días después de haber estado en el quirófano él ya estaba subido otra vez al Nacra 17. Le costó al principio, pero el amor su deporte y las ganas de volver a ser olímpico pudieron más. La batalla del cáncer la había vencido, ¿cómo no iba a poder con Río 2016?

En noviembre del 2015 dos de sus hijos, Thiago y Klaus, superaron diferencias que habian tenido en el Mundial 2015 y clasificaron junto, en la clase 49er, a los Juegos Olímpicos. Lange, que semanas atrás estaba peleando por su vida, ahora proyectaba su nueva participación olímpica junto a sus hijos. El 2016 ya comenzaba distinto.

La preparación a los Juegos se había retrasado por la enfermedad de Santiago, pero ni él ni Cecilia aflojaron: faltando más de seis meses para el debut en Marina de Gloria, se instalaron en dicho lugar y decidieron realizar toda la preparación allí. Si no era en el agua, ambos salían a correr o andar en bicicleta. No había tiempo para perder.

¿Se podía lograr una medalla en Río? Si bien la pareja confiaba en su preparación, los rivales clasificados hacían preveer una dura competencia. “Le puse muchas ganas y estoy orgulloso de haber llegado. Con chances para pelear por una medalla. No somos favoritos, pero si corremos bien estamos para pelear”, le decía Lange a La Nación antes de que comience la cita olímpica.

UN ORO QUE LLEGÓ CON SUFRIMIENTO

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El 5 de agosto Santiago se puso el traje que el Comité Olímpico Argentino le dio y formó parte de la delegación que desfiló en el mítico Maracaná en la ceremonia inaugural. Ni bien pisó el campo miró para uno de sus costado y se dio cuenta que estaba entrando junto a sus hijos… no pudo contener la emoción. Con los ojos llenos de lágrimas y la garganta seca, los abrazó y realizó la vuelta detrás del abanderado Luis Scola presintiendo que no eran unos Juegos Olímpicos más.

El 10 de agosto se puso en marcha la competencia para Lange y Carranza, que quedaron en la undécima posición para empezar marcando 11 unidades en la general (en yachting, gana el que cosecha menos). En la segunda y en la cuarta fueron segundos y, a pesar del puesto 13 de la tercera, empezaron a escalar posiciones en la tabla principal.

En la quinta quedaron duodécimos, en la sexta sexros y, en la séptima, llegó el primer triunfo que los acomodó entre los tres primeros… Aún faltaba. Fueron sextos en la octava, primeros nuevamente en la séptima, sextos en la octava y novenos en la novena. En la décima, ya con chances reales de medalla, una mala maniobra en las aguas hizo que los jueces los descalificaran e le hicieron descender posociones.

Pero el cierre de las preliminares con un segundo y primer puesto colocaron a Lange y Carranza en la primera ubicación de la general, con cinco puntos de ventaja a los italianos Sicouri y Bissaro, siete a los austríacos Zajac y Frank y nueve los autralianos Waterhouse y Darmanin (74), a falta de solo una carrera: la Medal Race. “Tenemos que tomarnos el día sin competencia para descansar y llegar con todo a la última regata”, comentaba Lange a TyC Sports tras enterarse de su posición en la tabla.

Que los Juegos sean en Río de Janeiro permitió que varios integrantes de la familia de Santiago y Cecilia estén presentes en Marina de Gloria para alentarnos tanto en la orilla como en distintas embarcaciones cercanas a la zona de llegada. “¡Sooooy, argentino… es un sentimiento… no puedo parar!”, cantaba un grupo nutrido de argentinos que, al mejor estilo estadio de fútbol, buscaba darle aliento a la pareja albiceleste, que se metió al agua mucho tiempo antes de comenzada la carrera.

El comienzo de la carrera no fue el deseado: penalización y partida en el décimo lugar… A pura velocidad, y con movimientos rápidos siguiendo al viento, Lange y Carranza empezaron a remontar hasta llegar al sexto, quinto, cuarto… tercer puesto. Dicho lugar les aseguraba, pase lo que pase con el resto de los competidores, la medalla. Pero en la última marcación antes de la llegada los jueces entendieron que los argentinos estaban en infracción tras cruzarse con la embaración de los autríacos y le levantaron la bandera roja: nueva penalización y vuelta de la embarcación en su propio eje para volver a arrancar.

El tándem neozeolandés Jones/Saunders se quedó con la Medal Race, aunque la performance en las preliminares los dejaba fuera de la zona de medalla… Segundos los autralianos Waterhouse/Darmanin, terceros los autríacos Frank/Zacaj, cuarto los estadounidenses Gulari/Chafee, quintos los franceses Besson/Riou y, recién en sexto lugar, cruzaron la línea de meta Lange/Carranza…

¿Dicha posición les alcanzaba para conseguir el oro? Unos segundos de incertidumbre paralizaron todos los corazones en Marina de Gloria, pero un productor de TyC Sports desató la locura. “¡Son oro, son oro!”, le gritó a la pareja argentina, que ni bien escuchó esas benditas palabras desató su festejó enloquecido. Al mismo tiempo se enteraron familiares, amigos e hinchas argentinos que estaban en el lugar, que se hicieron escuchar.

Santiago se fundió en una abrazo eterno con Cecilia… Una bandera argentina llega a él y, tomándola con su mano derecha, se arrodilló mirando al cielo mientras sus hijos se tiran al agua y fueron hasta la embarcación buscando su abrazo. Sus rostros mostraban una alegría absoluta pero, a la vez, una sensación de estar viviendo un sueño. No, no había que despertarlos, todo lo que estaba ocurriendo eran real… eran campeones olímpicos, habían conseguido la primera dorada en la historia del yachting argentino. Estaban convirtiéndose en leyendas.

La Marina de Gloria se convirtió en una fiesta albiceleste, más aún cuando los campeones pisaron tierra firme. “¡Dale campeón! ¡Dale campeón!”, fue uno de los hits, aunque el “Soooooy argentino…”, tampoco faltó. Cecilia rompió todos los protocolos y, esquivando una vella sobre la orilla, se fue abrazar con sus seres queridos y tratar de entender que estaba ocurriendo. Tras veinte minutos de puro sufirmiento en el agua se venía lo mejor, la entrega de la medalla.

Los encargados de la organización colgaron la dorada primero en el cuello de ella y, luego, en el cullo de él. El Himno Nacional Argentino empezó a sonar de fondo y tanto los ojos azules de él como los verdes de ella comenzaron a cristalizarse hasta llenarse de lágrima.“¡Oh juremos con gloria a morir”, cantaron todos los argentinos presentes, incluídos Santiago y Cecilia, para cerrar una tarde mágica con un aplauso cerrado que también llegaba de millones de argentinos que, sabiendo poco y nada de Vela, festejaban un nuevo logro olimpico nacional.

“Hemos trabajado más que nadie en estos meses, con trabajo se logran las cosas. Sin dudas trabajamos más que nuestros rivales. Cuanto más esfuerzo hacés y después ganás, es más lindo”, fueron las primeras palabras de Lange a la prensa tras el oro olímpico, y agregó sobre el duro momento que le tocó vivir el año anterior: “Al principio no me gustaba mucho que se hable de mi enfermedad, pero después me di cuenta que si mi ejemplo sirve para ayudar a un montón de gente que pasa por esa situación está buenísmo”.

Cecilia tampoco se privó de decir unas palabras y se enfocó principalmente en su compañero: “Cada vez que lo escuchó a Santi me emociono, transmite valores del esfuerzo, de la perseverancia. Me da tanto placer compartir con él esta campaña, se nota tanto esa alegría con la que trabaja cada día. Se me llenan los ojos de lágrimas porque para mí es un placer estar al lado de él”, y cerró: “Trabajamos mucho para estar acá, pasamos muchas cosas, por suerte nos terminó saliendo todo”.

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