“Uno elige si se queda llorando”


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Era abril y Andrea Berrino sufría un golpe de los que tumban: un dedo fracturado le impedía competir en el Trofeu Maria Lenk, que homologaba marcas para los Juegos Olímpicos y que había sido apuntado por la nadadora cordobesa y su entrenador, Federico Rossi, como uno de los torneos para alcanzar la marca A y clasificar sin incertidumbre a la cita en Río.

Berrino ya tenía marca B, pero las 20 centésimas que separaban su tiempo en los 100 espalda del tiempo que la clasificaba directamente a los Juegos sembraban la duda. El tiempo perdido por la lesión terminaría siendo clave en no poder mejorar la marca, y, aunque “el mismo día que me quebré estaba nadando”, nadar con un dedo quebrado (“los entrenamientos tampoco fueron los ideales sólo hacía pattada y podía nadar sólo con manoplas y obvio los dedos todos vendados”) le impidió competir al 100% en las chances de lograr el pase directo a los Juegos.

Pero aquella lesión fue apenas una frustración al lado de su consecuencia. El 19 de julio Berrino se enteraba que el doloroso esfuerzo contrarreloj era en vano: se quedaría fuera de Río, la competencia más importante de su carrera para la cual quedaban apenas dos semanas: : FINA, la federación rectora, había elegido a otras nadadoras con marca B, privilegiando a países con menos representación en la prueba a pesar de que aquella marca B, como apuntaba Rossi, “hubiese sido semifinal en el Mundial de 2015”. “Nada se compara con eso”, recuerda la nadadora.

Dos meses después del lunes que recordará con sabor amargo por el resto de su vida, Berrino conseguía la marca clasificatoria al Mundial de pileta corta, que comenzará mañana. “Cuando me enteré que quedaba afuera de los Juegos una semana antes de viajar me puse muy mal”, afirma; pero que lejos de rendirse a la adversidad, agachó la cabeza y anotó el próximo objetivo.

“Mi entrenador me dio unos días de vacaciones para dispersar la cabeza, pero yo me seguía entrenando durísimo como si fuera a ir a los Juegos”, recuerda de ese momento, aunque acepta que “necesitaba un descanso mental”.

“Hay cosas que pasan porque, no sé, nos tienen que pasar. Pero uno elige si se queda llorando, viendo los Juegos por la tele, o se va a entrenar para estar ahí dentro de 4 años”.

De vuelta a los entrenamientos tras el golpe, Berrino y Rossi replantearon los objetivos y planificaron la clasificación al Mundial: “Hicimos una planificación un poco distinta a lo que veníamos haciendo, ya que al ser en pileta de 25 metros y más especializada en 50 y 100 metros comenzamos a hacer trabajos concentrados en la velocidad”, revela el plan la cordobesa, quien cuenta que es en las carreras cortas donde “yo me siento más cómoda, y después de estar tan bajoneada me venía bien hacer trabajos que realmente me gusten y me motiven”.

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Berrino y su entrenador, Federico Rossi: una dupla dorada

Berrino se tiró a la pileta en septiembre, primero en el torneo nacional de Brasil de piscina corta, el Jose Finkel, y luego en el Selectivo para el Mundial que tuvo lugar en Santa Fe: en las piletas de Santos y Gimnasia y Esgrima demostró por qué es una de las nadadoras argentinas con mayor proyección y bajó sus marcas nacionales de 50 y 100 espalda, consiguiendo en ambas pruebas el tiempo mínimo para el Mundial (26.95 en los 50 , 58.05 en los 100), y, de paso, convirtiéndose en la primera argentina en bajar los 25 segundos en los 50 libre, tomando el record nacional de Aixa Triay en la prueba con su crono de 24.84.

“Es una revancha”, reconoce Berrino sobre su pase al Mundial con marca A: los días oscuros quedaban atrás por una cabeza que sabe de sobreponerse a las adversidades. Después de todo, es la misma nadadora a la que le dijeron en 2012, con solo 18 años, que no volvería a nadar a causa de una trombosis.

“Definitivamente lo mental es un aspecto clave para mi. Cuando me pasaron cosas que me impidieron lograr tus objetivos o muchos obstáculos, eso fue lo que me ayudó a tener este pensamiento de que todo se puede, de no victimizarse”, cuenta la cordobesa. Y agrega que “hay cosas que pasan porque, no sé, nos tienen que pasar. Pero uno elige si se queda llorando, viendo los Juegos por la tele, o se va a entrenar para estar ahí dentro de 4 años”.

Berrino eligió no llorar por la leche derramada y se trazó un objetivo a corto plazo, el Mundial, “para mantenerme motivada”, y obtuvo el resultado esperado cuando consiguió la marca para Windsor: “Cuando vez el tiempo te ponés tan feliz, porque cuando las cosas cuestan se valoran más”, contó antes de volar hacia Canadá.

Berrino ya piensa en la planificación de cara a Tokio (aunque “hay que ir de a poco, no saltear etapas”), con la idea de conseguir la marca “un año antes, en el primer torneo selectivo, y ya dedicarme un año o año y medio exclusivamente para los Juegos”. Pero antes, cuenta, hay un Mundial que afrontar, buscando hacer historia. Y después, en un año que incluyó además Sudamericano, nacionales y torneos en Brasil, estará el Campeonato Argentino, del 14 al 17 de diciembre, que clasificará para la cita mundialista de 2017, en Budapest. Recién tras aquella cita, donde Berrino buscará revalidar el tiempo mínimo que ya registró para el torneo mundial de la temporada que viene, vendrán, sí, unas merecidas vacaciones.


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El equipo para el Mundial

Argentina llevó a Windsor, Canadá, a Andrea Berrino, Macarena Ceballos, Florencia Perotti, Delfina Pignatiello, Marcos Barale y Agustín Hernández

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