Peligro de derrumbe

Foto: UAR

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La consagración en la Copa Davis para Argentina dejó oculta la otra noticia del fin de semana que marcará el futuro de un deporte nacional: Los Pumas fueron derrotados por una Inglaterra que llegaba intratable, pero que jugó buena parte del encuentro con un hombre menos por expulsión, a pesar de lo cual el otrora equipo voraz de Daniel Hourcade solo pudo convertir dos tries ante un rival en desventaja numérica.

La derrota, más allá de las formas, era probable, particularmente tras un sinuoso 2016 donde la selección más importante de la UAR no consiguió continuar el progreso mostrado hasta el Mundial 2015: el problema profundo reside en que el resultado dejó a Los Pumas novenos en el ranking y sin competencias hasta el sorteo del Mundial 2019, en marzo del año que viene. Novenos implica jugar con dos cabeza de serie (aquellos que quedan entre los primeros 8 del ranking a la hora del sorteo). Un mal Seis Naciones de alguno de los equipos que tiene por encima podrían significar para Argentina un ascenso salvador: de lo contrario, quedarán condenados a un verdadero grupo de la muerte en Japón.

El cansancio ha sido el gran señalado como el culpable de una gira que incluyó sólo una victoria (Japón) y tres derrotas (Escocia, Gales e Inglaterra). Los Pumas conformaron un plantel en retrospectiva muy corto, con apenas 30 jugadores para un año que comenzó en el Super Rugby en enero y terminó en noviembre, con 13 encuentros para el seleccionado y 15 para los Jaguares.

Pocos jugadores de la elite han sufrido semejante trajín, y de hecho los seleccionados del Sur, que alinean a varios que han participado del Super Rugby y el Championship, más los test de cada equipo (con un plantel más numeroso, claro), han sufrido en esta última ventana: Australia cayó ante Irlanda, Sudáfrica con Gales y sólo Nueva Zelanda, que venció a Francia y Gales, cayó en el inicio de su recorrida ante el Trébol.

Y hace apenas un año, el rugby mundial decretaba que la hegemonía del deporte se había trasladado definitivamente al Sur: desde entonces, Inglaterra buscó por primera vez en su historia un entrenador afuera, y Eddie Jones guió a la Rosa al título, de manera invicta, del Seis Naciones, para luego vencer tres veces a Australia y también a Sudáfrica, camino a un año invicto que colisionará con la otra bestia del 2016, y se siempre: Nueva Zelanda (este sábado a las 11.30).

Irlanda y Gales también aceptaron el desafío que propuso el Sur en el Mundial, y elevaron proyectos, prioridades y trabajo. La ventana de noviembre terminó siendo clave para los equipos británicos, que aprovecharon cansancios ajenos y mejoras propias para reacomodarse en la carrera hacia el Mundial 2019, desplazando a Los Pumas. Hace apenas nueve meses, el diario El Mundo de España titulaba “La viejísima Europa”, para presentar el Seis Naciones que comenzaba entonces bajo la noción de que el rugby del hemisferio norte era ya reliquia.

El camino de Los Pumas fue inverso. Tras tres años de puro ascenso y aprendizaje en el Championship, el 2016 inspiraba fe en los seguidores del deporte, con el ingreso de los Jaguares al rubgy de franquicias de la Sanzar. Pero, sin contar la victoria ante Sudáfrica en Salta, en agosto, el punto más alto del año, todo fue dolor de cabeza para un equipo desmantelado desde adentro.

La UAR había anunciado que tras el Mundial cerraría la puerta a los “europeos” para permitir en sus selecciones sólo a aquellos que participaran del Super Rugby, por cuestiones de calendario. Resignó, en este año, a figuras del último mundial como Juan Imhoff. Tampoco hubo lugar, como sucede históricamente, para aquellos que juegan en sus clubes pero no son parte del Plan de Alto Rendimiento. Lo que en los primeros meses del año no se discutía, con el paso de los partidos, a medida que los soldados comenzaban a sentir el rigor de un año sin pausa y con muchos viajes, comenzó a resonar en las tribunas. ¿Por qué no afrontar esta ventana de noviembre con los argentinos que se desempeñan en Europa, al menos, como refuerzo? Para colmo, antes de pasar por Europa, la UAR se fijó en los premios antes que en la lógica y llevó a un kilometrado plantel a Japón. Una semana antes del fatídico 0-3 en el Viejo Continente. El cansancio terminaba de apuntalar las dudas en el juego suscitadas a lo largo de un año que podría haber sido positivo con tres triunfos afuera, y terminó siendo de puro retroceso.

“Un 2017 con la lógica de 2016 puede ser peligroso ya no para los Pumas, sino para la salud de todo el rugby argentino, que es el que sostiene a toda esa estructura que ayer colapsó en la catedral del rugby”, escribió el periodista Jorge Búsico en La Nación, tras la derrota en Twickenham. Es que la UAR, en lugar de flexibilizar la regla, como parte del aprendizaje de jugar en las grandes ligas, expuso al trajinado plantel, en un momento que, de repente, se reveló crucial para el futuro del rugby argentino, que podría estar condicionando cuatro años de trabajo a un cruce mundialista. ¿Qué ocurrirá con la presencia del rugby argentino en la Sanzar, por ejemplo, si Argentina quedara fuera del Mundial en primera ronda?

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