Dobles, siempre, de riesgo

El dobles, punto de quiebre por definición, asoma una vez más como derrota para Argentina. En cuatro finales perdidas, sólo ganó una vez el punto del sábado

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En ninguna de las previsiones que tienen a Argentina, el punto de la serie, como campeón de la Copa Davis que comenzará en horas, el equipo nacional se lleva el dobles: no importa en qué serie haya sido escrita esta declaración, tiene todo para ser cierta en la mayoría de las series que ha enfrentado Argentina.

Porque la cuestión va más allá del dobles muy fuerte de Croacia. Cierto: con Dodig como fijo y Cilic sumándose en dos de tres series, no han perdido ningún cruce en el año, incluido un duelo con los hermanos Bryan. Más: Cilic seguramente juegue el sábado, ya sea para liquidar la serie, desnivelar la final o mantenerse con vida. El equipo local sabe que el encuentro del sábado será clave, y lo tienen en la bolsa; en contraposición, Argentina, como casi siempre, no sabe quién jugará y probablemente termine poniendo en cancha un equipo con menos chances para dar descanso a la gran esperanza, Del Potro, para su cruce de domingo con Cilic.

En ese sentido, la estrategia de Orsanic con Gran Bretaña fue maestra: trabajar alrededor del dobles, colocando a Delpo como segunda raqueta para que enfrente a Murray fresco. La apuesta salió y luego Argentina pasó a sufrir: porque el tandilense no sólo no estaba para jugar los tres días, sino que tampoco estaba firme para jugar dos singles, por lo que intentó sellar la partida en el encuentro del sábado, a pesar de ser, estadísticamente, mucho más complejo enfrentar a los hermanos Murray que un cruce con Edmund en el quinto punto.

Lo cierto es que el brillante juego de ajedrez de Orsanic en semis maquilló el histórico problema de Argentina: junto con el autoboicot, la falta de un dobles puede considerarse una de las principales razones por las cuales la nación tenística todavía no tiene su Ensaladera.

Este año Argentina ganó sólo uno de sus tres cruces de dobles (contra tres de tres para el local) y, al momento, jugaron cinco jugadores en esos tres encuentros: Berlocq-Olivo abrieron fuego, Delpo se sumó al equipo sólo para el dobles con Pella ante Italia y luego enfrentó a los Murray junto a Mayer, en semis.

La alineación debería cambiar el sábado, ya que salvo que Delpo arriesgue jugar tres jornadas, teniendo en cuenta que es el cierre de la temporada y la final de la Davis, o que no se sienta en condiciones de ganarle a Cilic el domingo y elija arriesgar en el dobles (parece difícil, teniendo en cuenta que el dobles asoma perdido), el tandilense será resguardado para el último día, ya que las probabilidades de victoria más importantes se encuentran en que Delpo gane sus dos singles y Delbonis o Mayer aporten un triunfo ante Karlovic.

El dobles es, así, otra vez “entregado”. Un texto escrito en este sitio repasaba la situación en 2012: “Ocho semifinales, y tres finales, alcanzadas en diez años, pero ningún trofeo. Cada año en particular ofrece distintas razones para las victorias y derrotas, pero en todas hay un elemento coincidente: la falta de un dobles competitivo. Argentina perdió el punto en sus caídas en cuartos de final (2004, 2007 y 2009), y de sus ocho semis de la década, en cinco perdió el dobles”, analizaba.

Y agregaba, letal: “Si contamos, además, desde 2005, año que marca el primer retiro de Lucas Arnold, el último especialista del país, Argentina tiene apenas una victoria en dobles en instancia de semifinales, en 2006, con la dupla Nalbandian-Calleri. En instancias definitorias, ante los grandes equipos, Argentina ganó desde 2005 apenas otro encuentro de dobles más: fue en la final de 2011, donde Nalbandian y Schwank mantuvieron con vida al país hasta el domingo. Si contamos semifinales y finales post-Arnold, el record muestra un apabullante 2-7”.

Y todo sigue igual. En 2013 Argentina consiguió dos triunfos en el punto del sábado para llegar a semis, pero en semifinales, sin Nalbandian en el equipo, Berlocq y Zeballos no pudieron con los terribles Berdych-Stepanek, que cerraron la serie. El 2014 fue el peor año para Argentina en Copa en mucho tiempo, jugando play-offs: sin singles consolidados, mucho menos encontró Argentina una pareja de dobles, perdiendo primero ante Italia (Schwank-Zeballos) y luego ante ¡Israel! (Delbonis-Zeballos). Israel sólo contaba con Dudi Sela como amenaza, y terminó complicando a Argentina hasta el 3-2 debido a esa derrota.

En 2015 hubo un atisbo de resurgimiento, con dos victorias para la Albiceleste en octavos y cuartos, con Berlocq como fija. El triunfo ante la pareja belga de dobles, Bemelmans-Coppejans, fue el primer triunfo del dobles en semis o final desde 2011.

Pero Berlocq, el doblista durante el 2015, dejó el equipo tras ser derrotado con Renzo Olivo este año en Polonia. Del Potro apuntó con Pella el único triunfo del año y luego vendrían los hermanos Murray, una montaña demasiado alta para escalar. Así asoman Cilic y Dodig el sábado.

Sería el cuarto punto de dobles perdido en cinco finales. ¿Los motivos del fenómeno? Argentina no tiene un especialista, seguro, pero tampoco lo fomenta. Y no sólo desde las pruebas en los torneos, que muchos jugadores no están dispuestos a afrontar para evitar cansancios y lesiones: históricamente se trata de una patria mesiánica, que se enfoca en una figura individual para conducir los destinos.

Orsanic ha intentado confiar en momentos clave en otras espadas para brindar apoyo y descanso a Del Potro (que no aportó el punto ganador en ninguna serie: en cuartos eligió el dobles por sobre el singles del domingo, al igual que en semis, para no forzar la máquina) pero está claro más que nunca en esta final que el equipo revuelve alrededor suyo, al punto que la única prueba que se hizo este año alrededor de una pareja de dobles en el circuito, fue Delpo-Mayer, dobles potencial del sábado si el tandilense decide arriesgar todo en una apuesta muy complicada de ganar.

¿Quién jugará el sábado? La incógnita permanece y dependerá de resultados, cansancios y tiempos en pista. Pero algo de síntoma hay en esta costumbre argentina: a nadie se le ocurrió que la mejor manera de rodear a Del Potro no era con palmadas de aliento y una estrategia organizada alrededor suyo, sino con la conformación de un dobles probado en competencia.

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