Ave Fénix

El 2016 vio renacer a Juan Martín Del Potro, motivo principal por el cual Argentina disputará desde mañana su quinta final de Copa Davis

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El emotivo año de Juan Martín Del Potro es la razón principal que permite comprender el aterrizaje de esta Argentina obrera en su quinta final de Copa Davis. El tandilense llevaba dos años fuera del circuito, a pesar de algunos intentos rápidamente frustrados por regresar en el torneo, y ni siquiera conocía a sus rivales porque llevaba “dos años mirando Los Simpsons en casa”. Y sin embargo, apenas regresó, en febrero, demostró que con las múltiples dudas físicas, la problemática del revés pasado y la inactividad, el cañón de derecha, y por lo tanto sus chances de cosas grandes, seguían intactos.

Delpo regresó en febrero al circuito e inmediatamente consiguió meterse en semis de un ATP 250, Delray Beach. Pero el proceso fue largo: durante meses, Del Potro eligió con cuidado sus torneos, balanceando las invitaciones (no tenía ranking para ser parte de los torneos grandes) con el descanso. Jugó dos torneos seguidos recién en abril, época en la que regresó tras tres años al polvo de ladrillo, su superficie menos preferida y la que obliga al tenista a un mayor desgaste. Consiguió un triunfo en la pista naranja, pero se bajó de Roland Garros para descansar: su ranking crecía, y conseguía bajar a su primer top ten (Thiem), pero Delpo todavía no preocupaba a los de arriba: era una obra en construcción.

Saltar Rolanga le vino bien a La Torre de Tandil, pero se encontró en primera de Wimbledon con Stan Wawrinka. ¿Imposible? Delpo inició su semestre mágico bajando al suizo para conseguir su primer triunfo a un top 5 y su primera victoria a cinco sets en dos años.

Con ese envión, Delpo anunció su regreso a la Copa Davis, aunque la serie ante Italia implicaba un cambio de superficie detrimental para su cuidado proceso de recuperación: por eso, el tandilense jugó sólo el dobles, junto a Guido Pella, pero brindó aquel punto de quiebre sin jugadores en el top 30 diera el batacazo gracias a un fin de semana ilustre para Federico Delbonis (le ganó a Seppi y al cuco, Fabio Fognini).

Si las victorias importantes le dieron a Delpo el impulso para sumarse al colectivo obrero de la Davis, la Copa le brindó al tenista ese plus de confianza, esa razón de ser, necesario para desatarse: tras un descanso, Delpo jugaría su torneo más importante del año, los Juegos Olímpicos, donde demostraría la fe recobrada, bancaría varias paradas bravas y largas y protagonizaría el torneo más emotivo del tenis en todo el año para conquistar su segunda medalla olímpica.

Nadie hubiera imaginado que esas líneas habrían sido escritas tras el sorteo: Del Potro llegaba confiado, hasta que tocó Djokovic. El propio tandilense contó que se veía en casa rapidito; claro que al serbio tampoco le habrá causado gracia que siendo el preclasificado uno haya tocado Delpo…

El épico doble 7-6 sentó el tono para una semana marcada por el llanto y la emoción para sobreponerse al agotamiento cada vez más marcado. Los miles de argentinos que aterrizaron en Río empujaron en cada momento complicado, particularmente en aquel tercer set semifinal frente a Rafa Nadal, el tercer preclasificado.

En la final, tocaría el segundo y hoy primero del mundo: Andy Murray mostró que Delpo todavía estaba “verde” para sostener cinco sets de alta intensidad, aprovechó cada pequeña distracción del jugador tandilense y, con su conocida consistencia, le quitó a Delpo el oro soñado. La plata, sin embargo, coronó “la semana más increíble de mi vida”.

Delpo estaba de vuelta, y para confirmarlo llegaría por primera vez en la temporada a una segunda semana de Grand Slam: invitado al US Open, se llevó la ovación del torneo al caer frente a Wawrinka. Algo había hecho click en la cabeza del tandilense, que ahora sí se la creía: la caída ante el suizo le permitió descansar de cara a la Davis, otro torneo clave en el tono emotivo de su temporada, y que lo tuvo comprometido como nunca antes.

EL REGRESO DEL AÑO: Del Potro emergió como un ave fénix en la temporada, comenzando en el puesto 1045 y culminando el año 38° del mundo. Un ascenso de 1007 puestos que la ATP nombró “el regreso del año”, título que Delpo ya había ganado en 2013

Líder tenístico y anímico de una escuadra de trabajadores del tenis, y sintiéndose él mismo ya no un privilegiado sino un laburante del medio, rescatando puntos y sumando ranking lentamente, Delpo daría el golpe del año en el torneo por equipos: de visitante, como todo el año, ante Gran Bretaña, favorita a todo por tener a Murray y a su hermano, pareja implacable en dobles, Argentina se llevaría la serie en un épico quinto punto.

El ganador de aquella serie fue Orsanic: manejó los hilos de la serie como un titiritero, nombrando a Delpo raqueta número dos para tenerlo fresco el primer día frente a Andy, una apuesta que pagó con el triunfo más importante del año para el tandilense. Argentina arrancaba la serie con un verdadero batacazo, Pella continuaba la hazaña venciendo a Edmund y el 0-2 obligaba a Andy a saltar el sábado a la cancha.

Murray terminaría ganando el dobles en el que Orsanic y Delpo consintieron que jugara el tandilense, pensando que un encuentro de dobles era menor desgaste para el argentino y que el equipo estaba a un solo punto: la decisión fue discutida, apuntando que un Delpo descansado para el domingo, ante Edmund, era suficiente, pero Orsanic no quiso arriesgar al tandilense y eligió confiar en el plantel completo: la victoria en el quinto punto de Leo Mayer ante Daniel Evans ratificó que las decisiones firmes del capitán habían redundado en un equipo que, si bien giraba lógicamente en torno a Delpo, se sintió valorado, respetado e imbuido de confianza por su capitán.

Con todos los objetivos cumplidos, los últimos dos meses tuvieron a Delpo con apariciones esporádicas en los courts: finalmente consiguió ganar su primer torneo del año, Estocolmo, que marcó su llegada al top 50 del ranking, tras arrancar por sobre el puesto 1000. La ATP nombraría ese ascenso “el regreso del año”.

El resto del tiempo, Del Potro pasó pensando en la Davis y trabajando el físico para este cruce ante Croacia. Las esperanzas descansan sobre él: de mínima deberá aportar dos puntos, contando uno, en el último día de las competencias y con cansancio, ante el gran cuco del rival, Marin Cilic, que lleva 28 victorias con su equipo por Copa. Y muchos especulan con lo que puede pasar el sábado: Orsanic tiene la muñeca caliente y, seguramente, esperará el resultado del primer día para saber si el tandilense tiene que saltar a la cancha, también, para el dobles.

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