La bandera

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Había varios candidatos, pero sin dudas la pulseada final estaba entre dos ganadores de medallas y emblemas de coraje: Paula Pareto y Luis Scola fueron los virtuales finalistas de la pulseada por convertirse en los abanderados argentinos en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de Río 2016, y el ganador resultó el ala pivote de 2,06 que juega para los Toronto Raptors.

“Se hizo justicia”, dijeron desde la CABB al anunciar la noticia, institución donde, como en todo el mundo, sobran enamorados del Luifa que, juegue donde juegue, siempre dice presente para estar en la Selección.

Una pasión que va más allá del extenso palmarés del cordobés, que recibió la noticia a tres días de su cumpleaños número 36: lejos del ocaso de su carrera, Scola se encuentra jugando los playoffs en la misma temporada donde comenzó liderando a un equipo argentino en plena transición a la conquista de la plata y el boleto olímpico en el FIBA Américas 2015 disputado en México.

Heroico, se movió como un pibe con 35 pirulos y manejó los nervios juveniles del equipo junto a Nocioni para llevar a Argentina, contra todo pronóstico, a conseguir una de dos plazas en el reñido torneo clasificatorio. Y lejos de “chapear” con las mañas bajo el poste, terminó siendo el MVP del torneo. Nada menos.

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La bandera es así un premio al compromiso: Scola estuvo siempre, nunca aquejó dolores y puso la cara en los momentos más complicados de una selección que ya no es aquella de 2004, de 2008 o de 2012, donde la Selección de Luifa, el líder de la camada más talentosa por seriedad y presencia, cosechó un oro olímpico, un bronce olímpico y un cuarto puesto que no fue bronce por segundos. Tras aquella olimpíadas comenzó una necesaria transición con la baja de varios dorados, y Luifa se hizo cargo de llevar la antorcha de la mística hacia los más jóvenes en el bronce del FIBA Américas 2013, que sirvió para clasificar al Mundial de 2014.

Pero los momentos no eran apremiantes sólo en lo deportivo: Scola y su séquito dorado dejaron un legado más grande que las medallas cuando denunciaron los desmanejos de la cúpula de la CABB, que había aprovechado los diez años de éxitos deportivos para enriquecerse, y pusieron en la línea su propia continuidad en el seleccionado, instantes antes de la última Copa del Mundo. Aquel fue el triunfo más significativo de un equipo que sueña con cambiar el deporte dentro y fuera de la cancha.

En honor a el que será su último vuelo con la Selección, Scola llevará la bandera el 5 de agosto, cuando la numerosísima delegación argentina (la segunda más frondosa de la historia, con chances de más) se pasee por el Maracaná: ya podría haber sido depositario de ese honor en 2012, pero, un caballero, decidió ceder el honor a Sebastián Crismanich, primer ganador de oro olímpico en una prueba individual en 64 años.

Curiosamente, el mismo gesto grandioso tuvo Pareto, en Toronto 2015, donde al no saber si conseguiría estar presente en la ceremonia por cuestiones de fixture, decidió bajarse. Pero la medallista de bronce de Beijing 2008 y campeona mundial en 2015 aspira cargar la bandera en el cierre, claro…

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