Señales

Germán Lauro, aún luchando contra las lesiones para regresar a los 21 metros, demostró toda su jerarquía: un lanzamiento dentro de los parámetros sólidos de sus últimas dos temporadas aunque lejos de su marca argentina (entre 19 y 20 metros) le permitió subirse por segunda vez al podio panamericano. Reflejo de profesionalismo y categoría mundial, el bronce fue el premio para un atleta que experimenta con su técnica para dejar atrás los fantasmas de una hernia de cara a Río 2016.

Germán Chiaraviglio fue épica plata y nuevo record argentino, en la temporada que marcó su regreso a los vuelos altos; Mariano Mastromarino bronce tras seis décadas en la maratón, y Braian Toledo fue cuarto: no pudo confirmar su marca de este año, record argentino que también lo mostró de vuelta en sus mejores registros, y no pudo repetir su bronce de Guadalajara, pero sigue siendo por su presente una apuesta para los Juegos Olímpicos.

Hay señales positivas, como el hecho matemático de que Argentina consiguió en Toronto una medalla más en atletismo que cuatro años antes. Sin embargo, los nombres, año tras año, se repiten: los atletas de elite son pocos y el atletismo depende de su presente para brillar. A cuatro años de Londres 2012, los apellidos que pueden soñar con una final olímpica son los mismos: no se registra evolución palpable en un deporte estratégico para el medallero.

El atletismo es un deporte mensurable y esa falta de crecimiento se refleja, sencillamente, en los números: las marcas argentinas no bajan y cuando lo hacen, son sus propios dueños quienes se superan: una muestra de la contracara del proyecto del Enard, que planifica la financiación de la cumbre de la pirámide sin reforzar las descuidadas bases y que busca rescatar talentos de los juegos escolares antes de que sean víctimas de la falta de estímulos e infraestructura.

Así, han aparecido algunos nombres excitantes en los últimos años (Federico Bruno, inicialmente “olvidado” por el Enard; Madarieta, todavía atravesando los vaivenes de la adolescencia; Chiappe; Gómez; Armada; Pereira; entre otros), pero el panorama general de un deporte con 40 especiaidades es uno falto de profundidad. Después de todo, ¿cuan peleado es el primer puesto de un podio nacional?

Las pistas para practicar atletismo a nivel nacional son excepcionales, y los programas iniciativas a pulmón sin aporte de un proyecto como el del Enard que se concentra en los atletas de elite y busca removerlos de la órbita de entrenamiento en clubes lo antes posible si tienen talento. Así, el deporte puede tener grandes cuadros, a diferencia de muchos deportes amateur, pero una pileta de selección pobre.

CADDA (que no ha trabajado con las bases) y Enard imaginan, con este modelo, un crecimiento en el mediano plazo, a medida que se detecten más talentos y que las actuaciones de las estrellas contagien: el efecto derrame. Y la Confederación colabora, elevando las marcas mínimas por incluso de las establecidas para forzar a los atletas a superarse, motivo por el cual solo fueron 11 atletas a Toronto. Pero los resultados, aunque lejos de ser una decepción, dan señales: señales de que en cinco años del Enard, el deporte corre el riesgo de un estancamiento.

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