Corazón y cabeza

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En la corta historia del vóley playa en Juegos Panamericanos (debutó en 1999), Brasil, dueño de la mejor liga del mundo, es el más ganador de todos los participantes con 9 medallas (5 oros). Argentina tiene solo una, conseguida en 2011 por la dupla Echegaray-Suárez. Brasil es además el bicampeón reinante en hombres y en mujeres: y quizás por eso Ana Gallay y Georgina Klug celebraron hasta la disfonía anoche cuando, en una dramática semifinal, sacaron a las verdeamarelhas del torneo y aseguraron la primera medalla para el beach femenino a nivel panamericano de la historia.

La dupla argentina había cruzado al tándem de Brasil, compuesta por Carol Horta y Lili Maestrini, en el circuito mundial, y sabía que podían vencerlas: la serie entre ambas estaba 1-1 y el desempate tenía un escenario inmejorable para la épica, de noche, en un Juego Panamericano y con medalla en juego.

Con las luces encendidas y ante una multitud que siguió el partido en las tribunas y también por tevé (fueron trending topic en las redes argentinas), Gallay y Klug consiguieron la victoria más importante en una carrera que comenzó en 2013, cuando a la olímpica Gallay se sumó Klug.

Con poca experiencia se fueron a jugar el circuito mundial, donde rápidamente entraron en Grand Slam. “Fue toda una apuesta: mi mamá me decía ‘y ahora qué querés con 28 años y este deporte nuevo, habiendo jugado en indoor en Europa, en la Selección… Pero bueno, me enamoré de la arena y confié en el sueño olímpico”, confió Klug, todavía eufórica por la victoria

“Desde entonces la venimos remando”, relató, y recordó los inicios cuando, con tal de competir por el mundo y sumar puntos para el ranking olímpico (que clasifica a Río), “teníamos que hacernos de kinesiólogas, de entrenadoras, de todo”.

Pero aquellas carencias forjaron la mentalidad que hizo posible, anoche, sacar al campeón: “Esa es la química que tenemos: vamos para adelante con todo aunque haya dificultades”, insistió la dos del equipo.

EL PARTIDO.

Porque el encuentro lo ganaron las argentinas más por convicción que por juego. Desplegaron su mejor cara en el primer set, pero cuando, tras tener match point, se les escapó el segundo parcial, todo se convirtió en una lucha por controlar los nervios.

“En el segundo set nos entró la ansiedad de querer ganar ya, ya, ya”, explicó Gallay, quien admitió que al quedar 11-7 en el tie break final pensó lo peor. “En el tercero, cuando estábamos cuatro puntos abajo, empecé a dudar… pero las conocemos, y sabemos que una de las dos se caen. Empezaron a errar, y nosotros tuvimos que poner lo que pusimos en el momento en que la pelota estaba en nuestro campo”, relató.

En ese momento, primó el nervio de acero de las argentinas para esperar que la tensión desarme a las brasileñas: “Esto es por cabeza, es por nervio: ninguna dupla hizo el juego que debería haber hecho, estábamos las dos con miedo a errar. No fue excelente el juego, pero sí la actitud para ganar de las dos”, opinó la olímpica.

LA EUFORIA.

Argentina volvió de 11-7 para quedarse con el tercero por 15-13 y desatar la celebración de allegados, hinchas y del periodismo que olvidó su rol durante un breve lapso y se sumó al alocado festejo que se vivió en zona mixta, con la dupla haciendo gala de un estado físico indestructible y del torrente adrenalínico que corría por sus venas metiendo festejo a puro cántico y salto.

“Los huevos los huevos la virtud argentina. Pusimos todo”, gritaba Gallay, ya disfónica, mientras Klug se mostraba algo (apenas) más tranquila. Lo mismo había ocurrido en el festejo luego de que la última pelota argentina picara en campo rival: Klug, que “siempre fui una desquiciada, saltó más para festejar que para atacar”, y que reconoce que se toma cada segundo que puede para buscar la calma que a veces le falta (“trato de tomarme todos los tiempos que pueda, porque en el beach necesitás bajar los decibeles y pensar próxima pelota. Ayer secaba las gafas del punto uno al último, hoy no tenía gafas así que buscar algo para agarrarme para hace tiempo”), se desplomó sobre la arena, mientras Gallay daba la vuelta olímpica a puro grito por la cancha.

“Sentí tanta felicidad que no te lo puedo expresar”, explicó Klug su festejo interno, y siguió: “Empezás a acumular tanta tensión, y a esperar que pique la última pelota, y tanto nos piden que no pensemos en que pique la última sino que pensemos pelota a pelota… que es difícil que no te gane la ansiedad. Tenía tanta desesperación por que se cierre que me quedé sin nada”.

Ahora llega la hora de un pequeño descanso celebratorio, entrenar por la noche y esperar la final ante Cuba, de mañana martes. Con el elenco centroamericano ya se cruzaron en este torneo (fue derrota en fase de grupos, 2-1, 15-13 en tie break), pero considera Gallay que “se les puede ganar”: “Son muy potentes las dos, pero nosotros tenemos otro jueguito que las podemos complicar. Ellas no tienen nada que perder y nosotros tampoco”.

“Lo que queda”, dice Klug, “es jugar, divertirse, y tratar de traer el oro. Dejar todo en la cancha, terminar el partido y saber que dejamos todo, y que alcance para lo que alcance. La final va a ser todo corazón: esperemos que un poco de cabeza”.

Una respuesta a “Corazón y cabeza

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