Ni Giselle Soler pudo con Giselle Soler

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Giselle Soler tiene 18 años y cuando ganó el año pasado en oro en los Juegos Sudamericanos ostentaba apenas 16: y aquella medalla la consiguió patinando con desenvoltura, lo que cautivó enseguida al mundo del deporte olímpico. ¿Quién era esta jovencita con cabeza veterana?

Lo primero de lo que se tomó nota, claro, fue el linaje: su hermana Elizabeth era campeona panamericana en Guadalajara 2011, y su hermanita menor la había seguido correteando en patines desde sus tres años de edad, cuando, todavía caminando a los tropezones, ya podía deslizarse sobre ruedas.

Y ahora saltaba del mundo de los junior, donde fue campeona mundial, al mundo de los adultos aparentemente sin dificultades: pero, por supuesto, la procesión va por dentro. La misma joven que brilló en los Odesur, y también en el programa corto de los Panamericanos, anteayer, salió a la pista sintiendo algo del favoritismo y del escenario en el que debutaba, y cayó durante la primera y la tercera figuras.

En la tribuna la delegación argentina se tomaba la cabeza, pensando que otro oro se escapaba: pero Soler volvió a mostrar sus condiciones mentales y, desde entonces, se dedicó a deslumbrar. “Uno el primer salto del programa es lo que más practica, pero son cosas que pueden pasar y hay que estar preparada”, dijo con el oro ya consumado y lágrimas de felicidad, y recordó la lección primordial en un deporte donde todo se define en la perfección de 5 minutos: “Lo que uno aprende es siempre seguir: hay que hacer lo que sigue en el programa”.

Gajes del oficio, entonces, reaccionar ante la adversidad: “Hay que tener muy buena cabeza para salir a pista, lograr no ponerse nerviosa o ocultar los nervios lo mejor posible”, decía ya con el primer oro para Argentina Giselle sobre lo que se necesita para ser una patinadora exitosa.

Y, por supuesto, no viene mal tener una hermana que ya pasó por las mismas experiencias: “Elizabeth me dio todo tipo de consejos: más allá de los técnicos, me explicó cómo manejarme en este torneo, que es algo nuevo para mí”, reveló la patinadora de Caballito y campeona panamericana.

“Lo que uno aprende es siempre seguir, hay que hacer lo que sigue en el programa”.

Una contención clave si se tiene en cuenta que Soler llegó a Santiago 2014 sin ser reconocida, pero a Toronto arribó como la gran favorita: “Uno trata de no pensar en eso, solamente patinar”, dijo Soler, quien confió en los aspectos de su patín que hoy la ponen por encima de su competencia en el continente: “Mis saltos son más completos, nosotros tenemos que hacer tres rotaciones y al ser mujeres es más difícil completarlas. Los jueves ven quienes pueden completarlas y eso es lo que me puede salvar de una caída”, explicó Giselle.

Pero Elizabeth, la otra mitad de la dinastía argentina del patín artístico, no sólo le dio consejos para confrontar la tensión: “También me dijo ‘mostrate linda, sonreí y bailá, que te vean linda’”. Y al final, esa soltura de la patinadora del cierre del programa largo, su naturalidad y gracia, además de su técnica fuera de serie, se impusieron con espacio de sobra a la Soler de los primeros instantes del programa, que todavía no conseguía “ocultar los nervios”, que todavía se mostraba como una adolescente. Esa batalla interna la perdió la chica de Caballito de 18 años; la ganó la campeona panamericana, que buscará, pronto, su medalla en el Mundial.

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