El año del despegue

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Se hundía, se hundía. Durante casi una década, en la estela dejada por José Meolans y Georgina Bardach, la natación argentina, lejos de volar en el agua, parecía deslizarse con pesas en los tobillos. Sin sucesos, sin resultados, sin marcas y cada vez más lejos del mundo, fue criticada y dada por muerta. Y en su propio entierro renació: entre marzo y noviembre, los nadadores argentinos batieron 28 plusmarcas nacionales y le devolvieron el color al deporte, que, al fin, respira.

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El 2008 parecía ofrecerle una pala a la natación argentina para que cave su propia tumba: un equipo atomizado conseguía el pasaje a los Juegos Olímpicos de Beijing y, liderados por Georgina Bardach, medalla de bronce en los juegos anteriores, hacían agua. La propia Bardach no conseguía clasificar siquiera a una semifinal, rodeada de dudas e inmersa en una realidad institucional que nada hizo para apuntalar su adolescente éxito de cuatro años atrás.

La mayoría de los records nacionales habían sido establecidos por los pocos talentos que, a pesar de las condiciones estructurales, habían conseguido nivel de elite. Entre Meolans, Bardach y Biagioli acaparaban 15 de 34 records nacionales. El resto eran hijos de las mallas mágicas.

Mientras las críticas recaían sobre los nadadores, la propia Confederación Argentina de Deportes Acuáticos se desmembraba: un feudo personal entre dirigentes centralistas y otros que pretendían un modelo federal terminó en elecciones sin candidatos y una intervención de la Secretaría de Deportes al organismo. El resto de los países sudamericanos apostaban a la natación, deporte estratégico por la cantidad de medallas que ofrece a un país, y mientras Latinoamérica y el mundo crecía, Argentina se empequeñecía, se arrugaba como dedos sobreexpuestos al agua. Los Juegos Sudamericanos de 2010 veían como, sorpresivamente, el país quedaba relegado por Brasil, Colombia y Venezuela en las piletas.

Curiosamente, algunos números muestran lo contrario a una crisis: porque las estadísticas se cuentan con calculadora pero también se narran, hay que explicar que, en aquellos días de crisis aguda, Argentina batió 28 plusmarcas nacionales. Eran, claro, los días en que las mallas mágicas, de cuerpo entero y un material, el poliuretano, que favorecía la flotación y disminuía la resistencia del agua. Se batieron 130 marcas mundiales hasta que FINA, la federación internacional, decidió prohibir los trajes diseñados por la NASA.

Desde la prohibición, Argentina produjo apenas dos marcas nacionales por año, en 2010 y 2011, camino a los Juegos Olímpicos de Londres. En aquel año, con más de 10.000 nadadores federados buscando meterse en la máxima competencia del deporte, el seleccionado también consiguió dos records y los resultados en el gran escenario fueron tan pobres que suscitaron una caza de brujas contra la natación argentina.

CAIDA LIBRE. Dotado con el tercer presupuesto más importante de parte de Secretaría de Deportes y el Enard, detrás del hockey y el yachting, Argentina apenas conseguía una semifinal gracias al joven Federico Grabich. El resto del equipo, incluso, mostraba importantes deterioros en sus marcas respecto a las que habían conseguido hacía solo meses. ¿Pánico escénico? ¿Falta de roce internacional?

Los nadadores argentinos eran castigados en los medios no especializados. Pero antes que los individuos, lo que quedaba expuesto eran los graves errores de planificación que habían provocado que un equipo entero consiga mejores marcas en el escenario vernáculo que, semanas más tarde, en la cita grande.

Raúl Araya, presidente de CADDA (hoy vice) fue intimado por el Enard y, según reconoció, aquel fue el momento que promovió un cambio en los hábitos de la Confederación. Las marcas mínimas para participar en los torneos internacionales fueron elevadas “para no ir a pasear”, gran parte del presupuesto se destinó a realizar viajes y campamentos de entrenamiento y se contrató al legendario coach australiano Bill Sweetenham para hacerse cargo de las clínicas que año tras año reciben los nadadores de la selección, donde se trabajan desde cuestiones técnicas hasta de concentración y mentalidad en el alto rendimiento.

Nadie esperaba una solución instantánea, aunque mal no hubiese venido en aquellos días donde pegarle a los nadadores era costumbre y estos, cada vez que les ponían un micrófono delante, despotricaban contra supuestos manejos espurios de la Confederación, particularmente en la designación de los entrenadores que realizan los viajes. El clima de trabajo no era el mejor y la súbita elevación de las marcas dejaba afuera a algunos históricos de la Selección, empeorando todo.

La CADDA iba ya por su sexto año al borde del naufragio a principios de este año cuando, con el año recién empezado y muchos nadadores cargados de la pretemporada, repetían en los Juegos Sudamericanos de Santiago la actuación de Medellín: 20 medallas, 5 de oro, y ningún record nacional. Aunque las medallas eran de mayor valor que en Colombia, no alcanzaba para volver a ser el segundo grande de la natación sudamericana. Argentina quedaba detrás de Venezuela y los números fríos no mostraban que el proyecto en etapas planificado por CADDA para ir elevando paulatinamente el nivel de la piscina nacional diera frutos.

Era marzo del presente año: la mayoría de los records nacionales estaban por debajo de los tiempos mínimos para las grandes competencias y habían, añejos ya, sido establecidos por los pocos talentos que, a pesar de las condiciones estructurales, habían conseguido nivel de elite. Entre Meolans, Bardach y Biagioli acaparaban 15 de 34 records nacionales. El resto eran hijos de las mallas mágicas.

EL RENACIMIENTO. Y entonces, como en una mala película estadounidense: uno atrás de otro, como gotas de agua en un chaparrón, cayeron las plusmarcas, varias que parecían intocables, hasta igualar los 28 records batidos en 2009 gracias al poliuretano.
Había indicios, claro. El equipo de los Odesur estaba compuesto prácticamente en su totalidad por menores de 23 años, exceptuando a Grabich (24 años), a Juan Pereyra y a la inoxidable Cecilia Biagioli, que aportó medallas en pileta y aguas abiertas. Eran los jóvenes que durante 2013 habían hecho caer seis marcas nacionales y arañado otras: una primera línea compuesta por Federico Grabich, Andrea Berrino, Julia Sebastián, Facundo Miguelena, Martín Naidich y Florencia Perotti, y una segunda línea que espera su hora compuesta por Virginia Bardach, Guido Buscaglia, María Belén Díaz, Santiago Grassi y otros.
El trabajo con la joven elite de la natación durante todo el año, con Sweetenham y con viajes a la altura, apuntaba al Sudamericano de Mar del Plata que se realizó en octubre: allí, Argentina aprovechó la localía, el fervor del público y las ganas de rendir en casa y consiguió el añorado segundo lugar del podio del sur de América, siempre detrás del monstruo Brasil. La frutilla del postre fue la posta 4×200 masculina: en una carrera decidida en el toque y en medio de un griterío infernal, Grabich superó en la llegada a Fernando Pires y consiguió vencer por primera vez en 26 años a Brasil en una posta.

El año sigue. Un grupo selecto de ocho nadadores consiguió marcas mínimas para el mundial de pileta corta a disputarse en diciembre en Doha (el mundo todavía queda lejos). La larga temporada se cerrará con el Campeonato Nacional a disputarse en Córdoba, donde se estrenará pileta y donde seguramente la mayoría de los nadadores no llegará en la mejor forma fìsica. Desde la Confederación piden un esfuerzo más: otro record argentino significará superar la marca de 2009 y constituir esta temporada en la más exitosa de la historia, un hito ante todo simbólico para sacudirse la mufa de años y determinar, por primera vez en varias temporadas, no el probable deceso de la natación argentina, sino su vital presente.

 

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¿Quién es Bill Sweetenham?

Nadadores, entrenadores y dirigentes lo señalan como uno de los principales responsables del crecimiento de la natación argentina: Bill Sweetenham, nacido en Australia hace 64 años, ha sido entrenador de la prestigiosa selección de su país natal y responsable de elevar el nivel de la antación británica hasta 2008.
En su currículum muestra orgulloso que ha sido cinco veces director técnico de una selección olímpica, nueve veces de una selección en un campeonato mundial y que ha llevado a 63 nadadores a formar parte de una selección nacional, que consiguieron nueve records del mundo y 23 medallas olímpicas.
Sweetenham ha sido contratado por la CADDA en calidad de colaborador y dos veces al año ofrece una clínica a los seleccionados donde corrige personalmente detalles técnicos y prepara a los atletas para la competencia en el alto rendimiento a partir de ejercicios destinados para mejor la concentración y la intensidad.
El entrenador además tiene la tarea de reorganizar las estructuras de la natación argentina a partir de sus propias experiencias en Australia e Inglaterra.

 

LOS 28 RECORDS NACIONALES

PILETA de 50m

Julia Sebastián 50 pecho 31.82

Julia Sebastián 200 metros pecho 2:28.35

Julia Sebastián 200 metros pecho 2:28.25

Andrea Berrino 200 espalda 2:13.93

Federico Grabich 200 libre 1:49.13

Esteban Paz 400 combinado 4:28.21

Facundo Miguelena 50 metros pecho 28.30

María Belén Díaz 50 metros mariposa 27.60

Matías Aguilera, Guido Buscaglia, Joaquín Belza y Federico Grabich 4×100 libre 3:21.31

Matías Aguilera, Guido Buscaglia, Joaquín Belza y Federico Grabich 4×100 libre 3:19.77

Guido Buscaglia, Martín Naidich, Juan Martín Pereyra y Federico Grabich 4×200 libre 7:25.16

Andrea Berrino, Virginia Bardach, Julia Arino y Cecilia Biagioli 4×200 libre 8:21.37

Federico Grabich, Gabriel Morelli, Marcos Barale y Matías Aguilera 4×100 combinado 3:40.51

Federico Grabich, Facundo Miguelena, Marcos Barale y Matías Aguilera 4×100 combinado 3:40.18

Andrea Berrino, Julia Sebastián, María Belén Díaz y Aixa Triay 4×100 Combinado 4:12.17

Andrea Berrino, Julia Sebastián, María Belén Díaz y Aixa Triay 4×100 Combinado 4:10.68
PILETA de 25M

Federico Grabich 200 metros libre 1:45.55

Andrea Berrino 100 metros Espalda 1:00.64

Andrea Berrino 200 espalda 2:09.52

Andrea Berrino 200 espalda 2:08.01

Julia Sebastián 50 pecho 31.39

Julia Sebastián 100 metros pecho 1:07.50

Julia Sebastián 200 metros pecho 2:22.32 (record sudamericano)

Facundo Miguelena 100 metros pecho 1:00.67

Facundo Miguelena 100 metros pecho 1:00.11

Martín Naidich 800 metros libre 7:52.12

María Belén Díaz 50 mariposa 27.62

Cecilia Bertoncello, Aixa Triay, Virginia Bardach y María Belén Díaz 4×100 libre 3:45.44

Una respuesta a “El año del despegue

  1. Pingback: La natación, por la confirmación | desayuno de campeones·

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