Tener chances

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Los Pumas anotaban el try con 7 minutos en el reloj y se ponían a apenas cuatro. Pero la conversión daba en el palo y obligaba a try convertido, y encima, en la salida, producto de un resbalón los argentinos terminaban reteniendo el balón en el piso y regalándole tres puntos al rival: 32-25 y la sensación de que otra vez Argentina quedaba en el umbral.

Y sin embargo, con gran vergüenza, Los Pumas jugaron, empujaron, y llegaron a las puertas del in goal cerca de la chicharra: Cubelli, de minutos revulsivos, tomó la pelota del ruck a metros nomás del try debajo de los palos. Era el empate, pero el rocío y el destino hicieron que la pelota se le escurriera y sobreviniera ese horrible escalofrío de la decepción sentida en la carne.

Aún así, Los Pumas tuvieron otra vida: los Wallabies cometieron infracción en el scrum, que ganaron sin problemas en el primer tiempo pero que se descompuso en el segundo, tras la batería de cambios. Y entonces, scrum para Los Pumas con la meta tan cerca que se podía respirar la tensión en Gold Coast.

Y entonces, Cubelli ingresó la pelota antes de la orden.

Fin del juego: Argentina y otra derrota que algunos, con cierta malicia, llamarán digna, un mote que hace rato este plantel resiente. En el mejor Rugby Championship para el conjunto albiceleste, con el equipo de Hourcade mostrando serias intenciones de jugar la pelota y de ganar los juegos, las oportunidades han estado varias veces al alcance de la mano. No se pudo en Sudáfrica, bajo la lluvia, y en la vuelta, en Salta, la hazaña estuvo a dos puntos nada más. Y ahora se dejó pasar una chance nuevamente.

Lo curioso es que se trató del peor encuentro de Los Pumas en este Championship: la primera etapa mostró todos los indicadores favorables para Australia, desde posesión y terreno hasta la clave obtención de pelota en formaciones fijas, que Argentina perdió sistemáticamente .

Con solo 20 pases contra más de cien del rival, los de Hourcade consiguieron un try, en gran corrida de Montero, para volver de la rápida anotación que abrió el encuentro para el elenco australiano. Y casi sin haber dispuesto de chances para atacar, en un deporte y en un nivel en el que “esperar” es irremediablemente cometer penales, cuando no recibir tries, Los Pumas se iban al descanso 14-7 abajo, gracias a muy buenos tackles, una pelota escurridiza y algo de suerte.

En la segunda etapa Australia bajó la intensidad: el gasto del primer tiempo y el olor a partido liquidado que hubo tras el try de Bentham, que ponía las cosas 29-13, motivaron una serie de modificaciones que explican en parte la remontada Puma. En parte, también, el mérito deben llevárselo los chicos de Hourcade, que fueron para adelante como si no hubiera mañana, y entonces se vio lo mejor: dos tries, primero Bosch y luego Tuculet tras enorme habilitación con el pie de Nico Sánchez, y, de repente, el partido perdido estaba ahí, a tiro.

Entonces llegó la batería de errores. Argentina ya venía cometiendo infracciones por distracción y errores de manejo, había perdido un line a metros del in goal, se cayeron bolas en jugadas con chance de try; pero el cierre fue un resumen de cómo esos detalles marcan la diferencia, al final del día, entre un equipo ganador y un equipo perdedor. Porque las diferencias, físicas y técnicas, existen, pero la brecha se acorta con cada encuentro de experiencia y cada pretemporada en el alto rendimiento para Los Pumas, y los rivales también tienen malos encuentros: Argentina ha hecho un gran trabajo no para ponerse a tiro de ganar el torneo, pero sí para ganar un partido.

Tener chances, hoy, no parece alcanzar. Una vez más hay que hablar del futuro de este plantel, de los avances, hacer una retrospectiva para no balearse en un rincón, pero no se puede dejar de lado el hecho de que son más las derrotas provocadas por errores argentinos que por la famosa brecha entre los tres grandes y Los Pumas. Las pelotas que se caen, las infracciones que se regalan, todo puede obedecer al cansancio del rigor físico extremo, pero el factor psicológico, el hecho de que Los Pumas se sepan inferiores, la presión de no poder errar las pocas chances y el peso de las derrota acumuladas también juegan su partido.

Y sin embargo, tener chances, sostenidamente, partido tras partido, aún jugando mal, es una muestra de la evolución del equipo. Y, en definitiva, los resultados hoy son coyunturales, y una victoria aquí o allá no será revolucionaria, no implicará un quiebre tras el cual el equipo hilvane triunfo tras triunfo. Tenes chances significa que en algún momento, esa pelota de Cubelli no se va a escapar: y esa sensación de triunfo inexorable, que sólo estuvo presente de a suspiros durante el primer Rugby Championship, hoy vuelve con la esperanza de que este proceso no se interrumpa por divisiones y divismos.

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