“Con el disco hice mucho más de lo que imaginé”

Foto: Jenny Dahlgren

Fotos: Jenny Dahlgren

Nacional de Atletismo: lo mejor del país reunido en una pista, en tres jornadas maratónicas de medalla tras medalla. Fácil perderse en la épica. Y sin embargo, por encima de todos los nombres, un hombre: Jorge Balliengo. Este sábado tiró 54,63 para ser medalla dorada y conseguir su cuarto título nacional para agregar a una vitrina poblada que incluye dos oros sudamericanos y dos oros iberoamericanos. Y luego, el discóbolo pasó a ser leyenda, parte de la historia grande del atletismo sudamericano: todavía poseedor del record sudamericano, 66,32, que alcanzó en 2006, Balliengo anunció su retiro en la ciudad que lo vio nacer.

 “Esta semana fue durísima”, reconoció el rosarino. “Se me iban cruzando por la cabeza un montón de cosas que me habían pasado, que no me iban a volver a pasar…”. Si la previa fue emotiva, más lo fue la competencia: “Ayer, en la prueba, todos venían a saludarme, los de disco, los de otras pruebas… me fui aflojando de a poco, y al momento de la prueba me costó mucho tirar. Estaba muy emocionado”. El discóbolo recibió, tras la prueba, un reconocimiento de parte de la provincia de Santa Fe y la Municipalidad de Rosario, y volvió a emocionarse al ver al público y a sus compañeros de andanzas aplaudir meintras se descubría una placa que lleva su nombre en la pista rosarina.

El oro nacional, en su ciudad, es un broche perfecto a su carrera: pero no el final soñado por Balliengo, que había decidido retirarse tras los Juegos Olímpicos de Londres 2012. A pesar de conseguir la marca B para aquellas Olimpíadas, CADA decidió, en una polémica decisión, no llevarlo, una determinación que generó un cruce entre Balliengo, que aún hoy cuestiona el modo en que son seleccionados los atletas, y la Confederación, que aseguró siempre seguir reglamentaciones objetivas.

Así, sin Juegos Olímpicos que culminaran una carrera brillante, el retiro se pospuso: “El año pasado no tuve tiempo para prepararme porque lo de Londres me cambió la vida. Este año había empezado a entrenar un poco, cuando me enteré que el Nacional era acá en Rosario. Se daban todas las condiciones para retirarme acá en mi ciudad. Ahí tomé la decisión”, cuenta Jorge, que dice irse del deporte “sin ningún arrepentimiento, sinceramente”.

“Me hubiese gustado mucho ir a Londres, pero a todo el mundo que me decía ‘cómo te acostaron’, les respondía que por lo menos había competido en otro Juego Olímpico. Si nunca lo hubiera hecho hubiese sido distinto. Pero la verdad desde que empecé con el disco hice mucho más de lo que pensé que podía llegar a hacer. Me voy con todos los objetivos cumplidos”, dice, tras las primeras horas de su retiro, Balliengo.

EL LEGADO Y EL FUTURO.

Dice el refrán que las marcas y las medallas pasan, pero las personas quedan: innumerables amistades dan fe de que Balliengo será extrañado fuera de las pistas, más allá de las competencias, pero en su caso, las marcas todavía no han pasado. Porque sus 66,32 todavía siguen allí, intocables desde 2006, testimonio de la enormidad del registro, legado vivo del discóbolo.

 “Es una marca muy difícil… Sacando al brasileño Juliao (NdR: superó los 65 metros el año pasado), hoy por hoy no hay alguien que pinte para hacer la marca… puede ser que mañana la haga otro, pero es una marca muy difícil”, explica Balliengo, que se esperanza con que sea un argentino quien la quiebre.

 Balliengo fue secundado por Juan Solito y Juan Pablo Chirnicinero, dos jóvenes con mucho por dar aún. Sin embargo, a pesar del surgimiento de varias promesas en los últimos tiempos, todavía no se han dado resultados superadores: las marcas argentinas no caen y, cuando lo hacen, son plusmarcas producto del mismo grupo de atletas de elite que viene compitiendo afuera con regularidad.

 “La actualidad del atletismo la veo pobre, hay muchas individualidades aisladas”, opina al respecto Balliengo, y sigue: “Siempre dependemos de la suerte de seguir teniendo entrenadores fuera del sistema, que sigue sacando atletas. Se me ocurre que si seguimos de esta manera cada vez va a a haber menos…”.

 “Pero también hay una idea grande en Argentina de cambio, mucha gente ya está cansada de esta dirigencia de tantos años. Veo un foco de luz que se está por prender en cualquier momento”, se esperanza.

La necesidad de cambio que reclama Jorge apunta directamente a la dirigencia de la CADA: “Desde la llegada del Enard, de a poco se está trabajando en el tema infraestructura, pero es muy difícil que en poco tiempo se revierta todo lo que no se hizo en muchos años en todos los deportes. Pero con el correr de los años eso va a ir mejorando: lo que tiene que cambiar es el tema dirigencial, siguen pensando como hace 50 años atrás, y la realidad de hoy es que cambió muchísimo el atletismo”, explica, siempre frontal, el atleta.

Su tendencia a hablar fuerte y decir lo que muchos, por temor o desinterés, no denuncian, lo posicionan tras su retiro como un nombre a considerar dentro de la política del atletismo nacional. Sin embargo, la posibilidad no lo desvela: “No me interesaría ser parte de la política del atletismo”, declara quien se piensa a futuro como entrenador. “Pero muchas de las voces que están apareciendo ahora me están llevando a que me meta…”, dice Balliengo, y aclara: “Si me metiera sería nada más que para conseguir un cambio, y después ya me dedicaría a trabajar de entrenador”.

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 EL DISCO, EL DESTINO.

 La vida de Balliengo podría haber sido diferente. Porque dejó el atletismo a los 19 años, cuando todavía no había ni siquiera probado suerte con el disco, para concentrarse en los estudios de Medicina. Sin embargo, cinco años más tarde el futuro discóbolo volvía a las pistas. “Empecé en la escuela, con una beca en un club de barrio, con el atletismo, pero mi disciplina era el salto en alto”, rememora. “El disco apareció de grande, a los 24 años. Decidí hacer algo de actividad física, probé con disco, me empezó a ir bien de golpe… se ve que esa era mi prueba”.

Mucho tuvo que entonces ver la casualidad, o ese cúmulo de casualidades que es el destino, en que hoy Argentina tenga al plusmarquista sudamericano en lanzamiento de disco. Apenas tres años después de comenzar su carrera de discóbolo, en 2005, Balliengo tiró batió por primera vez el record sudamericano; y, en su ciudad de Rosario, en la pista en la que se despidió el sábado, volvió a batir la plusmarca a hacer un año más tarde, lanzando el disco a 66,32 metros. “El mejor momento de mi carrera fue 20005/2006, cuando pude hacer dos veces el record sudamericano”, reconoce el atleta.

Pero como suele ocurrir en la vida, con esa propensión a ser montaña rusa, aquellos buenos días se desplomaron por la lesión que lo dejaría afuera prácticamente una temporada entera. Entrenando en Italia, Balliengo sufrió en 2007 un accidente que lo llevó al quirófano, donde le reinsertaron el músculo pectoral mayor. “Fue la lesión más grave que tuve, una de las más graves que puede tener un lanzador de disco. Era mi mejor momento, estaba para hacer cualquier cosa”, se lamenta.

En esos momentos, los atletas suelen recostarse en los suyos: “En mi carrera fueron fundamentales mi familia, mis entrenadores, mis amigos, la gente de Italia. Sin ellos, no hubiese podido hacer ni un cuarto de lo que hice”, reconoce a modo de homenaje. Balliengo, de vida nómada, promete que ahora “voy a estar en todos lados. Me perdí casamientos, cumpleaños, por viajar, por seguir mi carrera, y hoy quiero estar”, explica, aunque, ya con nostalgia, reconoce que “lo que más voy a extrañar son los viajes con los chicos de la selección”.

Una era repleta de historias, anécdotas, bañada de gloria, se cierra, pero no del todo. Porque el atletismo, para Balliengo, será siempre parte de su vida: “El atletismo es como una carrera de vallas, saltás una, hacés tres o cuatro vallas y te viene otra, como en la vida, hay obstáculos en todo momento y hay que saltarlos”, cierra el discóbolo campeón nacional: “Pase lo que pase hay que seguir: eso es lo que me dejó el atletismo y lo que quiero enseñarles a todos los chicos que pueda: que no bajen los brazos”.

 

El abrazo final con su entrenadora, Graciela Scaglia

El abrazo final con su entrenadora, Graciela Scaglia

 

El último lanzamiento de Jorge Balliengo (cortesía Adrián Marzo)

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