“Ahora disfruto sin ponerme tantas presiones”


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Daniel Dal-Bo se separa del pelotón a 2000 metros de la meta: avanza palmo a palmo con los punteros y cruza la meta a 36 segundos del ganador, suficiente para llevarse el bronce en el K1 5000 de la Copa del Mundo disputada en Szeged, Hungría. Algo que comienza a ser costumbre para el palista entrerriano: el año pasado se llevó 2 preseas en copas del mundo (dos bronces en el K1 5000 en Poznan y Szeged, a las que sumó una histórica plata en el K1 5000 del mundial de velocidad disputado en Duisburgo, la primer medalla en mundiales para Argentina desde que Javier Correa ganara dos platas y dos bronces entre 1998 y 2002. “Uno de mis sueños era ganar una medalla mundial y eso se me dio el año pasado. Ahora sueño con ganar una medalla en un Juego Olímpico”, se ilusiona Dal-Bo, ya de retorno del viaje a Europa.

“Fue una regata muy dura”, explica el palista tras el bronce, “con muchos deportistas de primer nivel como campeones mundiales y campeones olimpicos (el ganador de la carrera, Ken Wallace, y su escolta, Max Hoff, por ejemplo). Sabía que la competencia sería fuerte y me propuse llegar al pelotón de punta lo antes posible y mantenerme en ese lugar. Aproximadamente a mitad de la regata me descolgué y quede por detrás de los dos primeros: en ese momento solo pensé en remar para llegar tercero y por suerte lo pude lograr”.

Dal-Bo arrancó temprano en el canotaje: “Comencé cuando tenia 12 años por que me gustaban el río y la naturaleza: me gusta mucho pescar y me la pasaba en el club. No se cuando me di cuenta que el canotaje era lo que queria hacer pero me gusta remar y lo disfruto mucho y eso me llevo a entrenar y a competir”, cuenta el palista.

El disfrute, la vocación, es un elemento fundamental para soportar el durísimo régimen del alto rendimiento: “Me despierto a las siete de la mañana para desayunar y estar en el club a las 8. Arranco a entrenar en el agua remando una hora y media, luego descanso 30 minutos y hago gimnasio durante una hora y media más o menos”, dice Dal-Bo, quien “después de eso voy a comer y duermo una siesta, y comienzo el segundo turno de entrenamiento por la tarde a las cuatro de la tarde, con una remada de una hora y luego 30 minutos de carrera o bicicleta. Algunos dias no hago gimnasio y hago tres turnos de agua: dos en la mañana y uno a la tarde. El domingo descanso”.

Otras dificultades soportan los palistas nacionales: además de tratarse de un deporte amateur, donde solo la elite cuenta con apoyo estatal, las competencias de relevancia son afuera y no siempre se puede salir a competir, lo cual dobla la presión en las grandes citas; la temporada de regatas internacionales, además, coincide con el invierno argentino, dificultando los entrenamientos y la adaptación.

“Lamentablemente tenemos el calendario armado para los países de europa y nos pasa que llegamos al Mundial entrenado con el frío de nuestro invierno, cuando los europeos llegan con el verano”, comenta Dal-Bo. “Pero gracias al Enard podemos ir un mes antes de que arranque el Mundial, aclimatarnos y aprovechar para hacer la puesta a punto para la competencia. Lo ideal sería poder quedarse en Europa desde mayo hasta el Mundial que es en agosto, pero eso sería muy costoso”, reconoce.

El Enard es el gran responsable de darle impulso a una disciplina que ha dado grandes alegrías al país pero que, invisible para los grandes medios, precisa del apoyo para realizar los costosos viajes, equiparse y entrenar adecuadamente: “Gracias al Enard el canotaje esta mucho mejor que antes y se está desarrollando. Es muy importante el apoyo ya que para llegar a ganar medallas a nivel internacional, tenés que entrenar todos los dias y dedicarte al 100% al deporte que practicás y eso sin apoyo es imposible de hacer”, argumenta Dal-Bo, quien recalca la importancia de salir a competir, algo en lo que ha sido clave el apoyo del Ente: “Competir en regatas internacionales hace la diferencia, te medís con los mejores y aprendés mucho de esas personas”.

Daniel Dal Bo ha tenido una gran temporada 2013-2014: a lo cosechado en 2013 en el circuito de la ICF sumó las dos preseas doradas en los Juegos Sudamericanos de Santiago, competencia en la cual tiene ya mucha experiencia. “En mi primer Odesur, en Mar del Plata 2006, tenía 19 años: no me fue muy bien pero fue una buena experiencia para poder madurar y aprender de los errores. En los siguientes Odesur (Medellín 2010) gané tres medallas de oro en K1 1000m, K4 1000m y K4 500m, y quedé segundo en K4 200m”, repasa. En Santiago, en marzo de este año, ganó oros en K1 1000m y K4 1000m. “Creo que fui mejorando año a año y eso me pone muy contento”, cuenta.

El ciclo olímpico continúa ahora para Dal Bo con los Juegos Panamericanos, pensando en Río, para él, una revancha personal: en 2011 fue plata amarga en Guadalajara, detrás del cubano Jorde García, y el segundo puesto lo dejó fuera de Londres 2012. “Para mi fue muy duro no poder clasificar a los Juegos de Londres 2012”, rememora el palista. “Durante ese año pensé en no remar más, pero me aferré a disfrutar de lo que hago, que es remar, y no sólo competir por el resultado. Traté de disfrutar el día a día entrenando, y disfrutar de las regatas nacionales que corría más seguido, y eso me fue dando más ganas para seguir con nuevos objetivos”, recuerda Dal-Bo, y concluye que “ese año me cambió mucho la forma de pensar y de ver el deporte que hago, y ahora disfruto sin ponerme tantas presiones, ya que lo importante es como se siente uno mismo y no sólo si lográs ir o no ir a un Juego Olímpico”.

De todos modos, el horizonte del medallista mundial está puesto en 2016: “Para Río me tengo mucha fe, y creo que voy a estar presente, pero quiero ir paso a paso”, comenta. “En este momento pienso el los Juegos Panamericanos del año que viene: mi objetivo es obtener una medalla en un Juego olímpico, pero quiero disfrutar de lo que hago y hacer bien las cosas, y de esa manera creo que voy a llegar a mi máximo nivel”.

Es que, entre Río y el presente, hay miles de kilómetros de distancia: este año aún resta el Mundial, donde Dal-Bo intentará revalidar su segundo puesto, y Campeonato Panamericano, clasificatorio a Toronto 2015: “En el panamericano quiero ganar todo lo que mi entrenador me haga correr”, se ilusiona.

La preparación para esas competencias ya está en camino: “Regresé a Argentina conforme, pero con ganas de mejorar cosas que veo que me faltan”, cuenta, insaciable, el palista. Pero también es el momento de disfrutar, porque para Daniel Dal-Bo, la competencia no es todo: tiene un hijo en camino, y en él, y en su familia, pensó mientras era coronado en la remota Hungría, a doce mil kilómetros de casa y tras cinco mil metros de remar y remar.

 

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Los K1 5000 de Szeged

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