“La natación es una escuela de vida”

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Un ilustre de la natación anda chapoteando con los chicos: José Meolans visitará la ciudad de La Plata en una nueva edición de las clínicas que viene realizando hace un par de años junto a Eduardo Otero. Serán dos jornadas, sábado y domingo, en el Club Montego: “Nuestra intención”, cuenta el cordobés, “es transmitir lo que hemos aprendido en nuestras carreras”.

Las clínicas, a diferencia de las que habitualmente se llevan a cabo en el país, hacen foco en la práctica antes que en la teoría: Meolans y Otero se zambullen, carril por medio, y llevan a cabo diversos ejercicios y hasta competencias, generando así un clima dinámico que potencia el aprendizaje: “Las clínicas apuntan a cuestiones técnicas del nadador, pero también tratamos de vincular mucho al público, queremos que nos hagan consultas, y no necesariamente tienen que ser técnicas: a partir de eso hay un ida y vuelta permanente”, cuenta Meolans.

“Es fundamental que los participantes se sientan cómodos, tratamos de que puedan participar permanentemente de los ejercicios, y si bien hay algunos chicos algo dispersos, en general les gusta escuchar. Hasta algunos entrenadores nos han dicho que nos escuchan más a nosotros que a ellos”, comenta el Tiburón, que prefiere que no lo llamen así. Dice sentirse más un delfín.

Si bien las clínicas suelen estar copadas por el piberío, “están pensadas de manera tal que le sirva a chicos, adultos, gente formada, nadadores de alta competencia o hasta chicos con discapacidad”, explica Meolans, y sigue: “Desde un principio tratamos de promover el tema de la integración”.

Meolans y Otero vienen realizando estas experiencias a lo largo y lo ancho del país hace ya dos temporadas, a pesar de lo cual no han podido acercar sus valiosas experiencias (no sólo las técnicas sino las vivencias de la alta competencia) a la selección argentina: “A lo mejor no hemos tenido demasiada comunicación con la Confederación, pero desde ya que desde nuestro lugar está la predisposición de poder contribuir al desarrollo de la natación”, acota brevemente el campeón mundial.

Esa natación que quiere desarrollar desde el lugar que pueda, ha sido una parte primordial de la vida de Meolans: “La natación me ha transmitido valores, educación, vida sana: es una escuela de vida”, dice el cordobés, y enseguida niega que las dificultades adjudicadas al deporte, tanto por sus entrenamientos extenuantes, por el tiempo de incomunicación bajo el agua o por las dificultades propias del amateurismo, sean tales: “Cuando uno elige algo elige por placer, no por obligacion: es un deporte diferente, es cierto, pero que si te gusta es muy lindo, tiene muy buena camaradería, un entorno hermoso”, rememora el nadador, pero enseguida aclara que “no extraño la competencia para nada. Es un ciclo cumplido, ahora estoy con otras cosas, ligado al deporte pero en una etapa diferente”.

La nueva etapa de Pepe incluye, claro, a su mujer y su hija, además de numerosos emprendimientos. Al nadador no le ha picado el bichito de la ansiedad tras su retiro, como ha sucedido con varios, desde Phelps y Thorpe hasta Verón, porque se ha involucrado permanentemente en diversos proyectos: ha lanzado recientemente su marca de indumentaria (“un tema en el que recién estoy comenzando”), ha participado en competencias de triatlón y tiene pactado participar en Stravaganza, el espectáculo teatral de Flavio Mendoza, desde 2015. Mientras tanto, las clínicas siguen creciendo. El objetivo, cuenta, es “que lleguen a lo largo y a lo ancho de país”.

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La pileta semiolímpica de Montego estaba colmada pero no sólo de pibes: también padres, entrenadores y jóvenes competidores se acercaron ante la posibilidad de aprender del máximo exponente de la natación argentina, José Meolans. El cordobés concretó la primera jornada de actividad prevista con un grupo dentro de la pileta y otro fuera observando. Y hoy, en la segunda parte de la clínica (desde las 10), se invertirán los roles y hay promesa de una competencia de postas para cerrar.

La atracción principal para los participantes es, sin dudas, nadar hombro con hombro con Meolans. El cordobés se tira al agua para realizar los diversos ejercicios mientras su compañero, el reconocido ex nadador Eduardo Otero, los explica. Y los ejercicios son constantes: la idea de los nadadores es transmitir los conocimientos técnicos no en abstracto sino en la práctica. Así, rápidamente comienza el nado en la pileta del club Montego. Tras unos minutos de carriles abarrotados por el afloje de los cuarenta participantes, Meolans y Otero recorren los fundamentos de la técnica de crol: primero enfatizan la posición de salida, y luego desarman movimiento por movimiento la brazada y la patada.

“Trabajar la técnica puede resultar aburrido, pero es muy importante”, explicó Meolans con un pie dentro de la pileta, “porque para nadar rápido primero hay que nadar bien. La idea es buscar ser cada vez más eficientes”. Los diversos ejercicios apuntaron así a trabajar al detalle y por separado los distintos momentos del estilo, buscando fijar los movimientos más eficientes y corregir los vicios que ralentizan el desplazamiento. Incluso los participantes tuvieron el gusto de despuntar estos vicios nadando mal a propósito en una de las series, que apuntaba a sentir, desde el propio cuerpo, la diferencia entre un nado eficaz y otro… no tanto.

A lo largo de más de dos horas Meolans deleitó a los presentes con sus desplazamientos sin esfuerzo aparente por el agua, una demostración cabal de esa economía de la fuerza que es la técnica. Otero, desde afuera, dirigía la clínica, explicando el porqué de cada ejercicio. “Contar por qué hacemos cada serie es muy importante para que se haga a consciencia: ese es el modo de fijar la técnica”, contó Otero. “Mantener la técnica cuando estamos cansados es lo más difícil. Por eso, hay que hacer los ejercicios técnicos lo más exagerado posible: no hay que buscar ir rápido sino que hay que pensar cada brazada, hacerla bien consciente”, completó el Tiburón, campeón mundial en 2002.

TIEMPO PARA LA DISTENSION. Pero no todo dentro del natatorio fue técnica: también hubo tiempo para la intervención del público y para que el cordobés cuente algunas anécdotas. En un momento, Meolans puso en aprietos a los nadadores del complejo cuando les preguntó si querían a sus profesores, para luego contar su relación tensa con su primer entrenador: “A los 12 años me pasaron al grupo de mayores de mi club, y la primera sesión del día era a las cuatro de la mañana”, comenzó “Pepe”. “Nuestro entrenador usaba anteojos de sol, y algunos empezamos a pensar que dormía mientras nadábamos. Un día decidí saltearme varios ejercicios, robar algunos metros, terminar antes. Cuando llegué a la tarde, mi entrenador había anotado todo lo que yo había hecho mal en el pizarrón”.

Meolans comentó que mientras de aquel entrenador aprendió la importancia de la disciplina, con su siguiente coach estableció un lazo de amistad que perduró más allá de la natación. “El entrenador y el deportista deben ser un equipo. La familia y los entrenadores son el motor del atleta”, cerró la historia.

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