El límite físico

Sony Open - Day 14

El cuerpo de Rafael Nadal, como el de Jackie Chan, ha conocido todas las lesiones posibles. Su ritual prepartido incluye largos períodos de vendajes protectores a sus manos, pies y, a menudo, el resto del cuerpo. Paradójica fragilidad de su hercúleo físico: no recuerda lo que es jugar sano.

Miami le fue otra vez negado al mallorquín: único Masters 1000, junto a París, que falta en la cartera del más ganador de la historia de este tipo de torneos, cayó contra su némesis, Novak Djokovic, en un encuentro que dejó poco para el análisis. El doble 6-3 fue tan abrumador y calmo para Nole que por enésima vez en su carrera y también en lo que va de la temporada, volvieron a encenderse las alarmas sobre la salud de Rafael Nadal, un tema de interés nacional en la patria deportiva, de esos de los que todos opinamos apresuradamente.

Y Nadal, el ampollado perpetuo, invita siempre a  las especulaciones. El 2013 fue un año heroico, volviendo una vez más de la muerte anunciada: pero 2014 dejó claras las secuelas de su épica anterior en la primera cita grande del año, cuando tras dos semanas de jugar limitado por un cráter en su mano izquierda, cayó en la final de Australia aquejado de un desgarro lumbar.

La lesión lo sacó del circuito por un mes (incluido el faltazo a Buenos Aires) y lo privó de conquistar el doble Grand Slam. La pregunta acerca de si Rafael Nadal tendría otra chance de conquistar el esquivo torneo australiano con su físico dando nuevas señales de exhausión recorrió el mundo tenístico, una vez más.

Volvió en Río, ganó para luego caer en cuartos de Indian Wells (ante Dolgopolov, de gran comienzo de año), torneo que defendía. Miami, luego de un arranque mágico, volvió a resultarle indomable ante un Djokovic que, tras un comienzo de temporada de talento absoluto y volatilidad recurrente, recuperó el hambre y lo pasó por arriba. Toda la semana, sin embargo, toda la temporada, Nadal ya había dado muestras de que su físico ponía límite a su intensidad. A pura cabeza sigue siendo imbatible para la mayoría en el circuito, pero lejos está de ser la bestia dominante de 2013.

Todos los deportistas de alto rendimiento conviven con el dolor, pero para Rafa ha sido un compañero de ruta. Su cuerpo se descompone pieza por pieza y su envidiable cabeza se encarga de compensar y recomponer: pero, por supuesto, una lesión causa otra y el físico tiene un límite. Una excelente nota de Sebastián Fest publicada en Brando da cuenta de los recurrentes problemas físicos del actual número uno: el tenis de Nadal no es sustentable. Si bien ha convertido varias facetas de su juego para volverse más agresivo y conquistar así superficies que no permiten el juego de base de la tierra batida, continúa siendo un tenis basado en el desgaste.

En este sentido, Nadal ha cosechado en su carrera archinémesis perfectos para la dicotomía. Primero enfrentó al estilo natural, casi cansino, desprovisto de sudor de Roger Federer, el hombre que hace todo sencillo y sin esfuerzo, y mantiene impecable ese peinado tan suizo.  Luego fue el turno de Novak Djokovic, el hombre elástico, el irrompible. Nole juega con la misma intensidad que Rafa, pero parece hecho de alambre y goma, y ha sufrido pocas lesiones en su andar por el circuito. Ambos tenistas, a diferencia de Rafa, toman la pelota de sobrepique con pasmosa facilidad y dominan sin necesidad de una potencia abrumadora la mayoría de los puntos: Nadal, en cambio, suele tomar la pelota en caída, bien desde el fondo de la cancha, imprimiéndole un top insoportable que requiere de una fuerza hulkiana. Los puntos, así, tienden a alargarse hasta el error ajeno.

Djokovic es el único de los top a tiro en el mano a mano con Nadal (22-18). Acaba de ganarle el tercer partido consecutivo (los tres sin ceder sets), y desde 2011, año consagratorio para el serbio, Nole lidera los enfrentamientos entre ambos con 11 victorias y 6 derrotas. En cemento, superficie preferida del balcánico, el enfrentamiento está 14-7 a favor de Nole, y en finalles, 11-9. Incluso en polvo de ladrillo, donde los números de Nadal son sencillamente asombrosos (lleva 298 triunfos y solo 21 caídas), la cosa está apenas 4-3 para el español: Djokovic tiene el ritmo de Nadal, que solo puede vencerlo al 100%, y con su cuerpo pidiendo spa y una seguidilla de torneos en los que defiende 5100 puntos sobre 5500 (Montecarlo, Barcelona, Madrid, Roma y Roland Garros), no es de extrañar que muchos comiencen a ver amenazado su lugar en la cima del ranking, hasta hace apenas un mes holgado reinado.

La lucha en el frente interno para Nadal será ver hasta dónde puede llevar a su cuerpo con el corazón: el límite físico es una incógnita para un guerrero que siempre da un poco más cuando parece al borde del retiro, pero también una realidad incuestionable. Mientras se encarga del amotinamiento muscular, tiene una preocupación igual de mayúscula: el hambre recobrada de Djokovic, un hombre que necesita que le mojen la oreja para no distraerse.

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