Las conclusiones

El dato frívolo indicará que Argentina consiguió alcanzar el podio del medallero general en los Juegos Sudamericanos, mejorando la actuación de Medellín 2010: un dato particularmente relevante para la dirigencia del deporte que, en Santiago, rindió un importante examen para dar cuenta de los avances en el deporte bajo la inversión pública. En este sentido, cualquiera sabía que de fracasar el país nadie iba a apuntar al dinero sino a la gestión.

Ahora, si bien el medallero es un excelente modo de analizar la performance de un país, la posición tercera o cuarta de Argentina no deja de ser anecdótica, al tratarse en realidad de un empate técnico con Venezuela: Argentina ganó un oro menos (46) aunque por un error en la página oficial figuran 47 oros y, por alguna plata más, se quedó con el tercer puesto. El tercer y cuarto puesto, en realidad, se definieron en un par de medallas, un par de centímetros, algunas milésimas, que no modifican la calidad de la actuación.

Para analizar el tercer puesto, en rigor, mejor comparar al país consigo mismo en 2010. Argentina sumó 159 medallas, 46 oros, 81 preseas menos que en 2010 pero con 170 medallas doradas menos en juego. En Medellín, Argentina se quedó con el 11% de los oros en disputa; en 2014 se llevó el 14% de las 316 preseas doradas. Porcentualmente (el trabajo estadístico se lo debemos a Ernesto Rodríguez), en 2010 Argentina se llevó el 24% de sus preseas en color dorado; y en 2014 el 29%: la calidad de sus podios mejoró levemente en 2014.

Argentina, entonces, mostró una mejora respecto a Medellín, considerado un gran fracaso, y además llevó un equipo esperanzadoramente joven: dos tercios de la delegación estuvo compuesto por jóvenes sub 25.

Sin embargo, queda claro que la vieja posición del país respecto al resto de los sudamericanos ya es pasado: Argentina no es potencia, y hoy liderar un medallero, con Brasil y Colombia superándolo con holgura, parece una utopía, cuando hace apenas dos Juegos el país llevaba ganadas 7 de 8 ediciones.

El mapa del deporte sudamericano ha cambiado. El nivel del deportista sudamericano se ha elevado exponencialmente en la última década. Ya son pasado los días en que Argentina dominaba haciendo la plancha: hoy el deporte, debido a la visibilidad mediática que ha cobrado, es una cuestión de estado, una parte importante de la imagen que un país vende al exterior y que debe ser de éxito. No solo Brasil se ha transformado en una potencia mundial inalcanzable para el resto del deporte sudamericano: todos los países presentan equipos supercompetitivos, pelean todas las pruebas. Quedan pocas medallas seguras.

Cada país trabaja entonces para reforzar sus fortalezas y disimular sus debilidades. Pero la planificación de los competidores directos de Argentina (Venezuela y Colombia) en días pasados es lo que hace que estos países peleen y superen al nuestro. Potenciaron deportes estratégicos (para Colombia, el ciclismo, el atletismo y la halterofilia; para Venezuela, la natación y el atletismo), esos que ofrecen muchas medallas, y a partir de allí edificaron sus medalleros: XXXXXXXXXXXXX

Argentina sigue siendo una potencia a nivel americano en los deportes náuticos (se llevó 22 medallas de 25 y sufrió la caída de pruebas de remo y canotaje) y en deportes de equipo. Ha perdido, sin embargo, influencia en otros mojones históricos (como el boxeo o el judo) porque, en un escenario constantemente móvil, el resto también disputa los espacios que uno cree ganados. Además, sigue sin hacer pie en deportes de marca (atletismo y natación), claves por la cantidad de preseas que reparten: Argentina, en 2010 y 2014, sólo conquistó 8% de los oros en juego. Hay que olvidarse del Argentina dominador y adaptarse a esta nueva situación donde el éxito tiene mucho que ver con una cuidada planificación estratégica y política.

Los Juegos Sudamericanos han mostrado entonces un escenario de dos caras para el país. Por un lado, la creación del Enard permitió a muchos deportistas jóvenes llegar mejor preparados, con mayor roce y listos no para ganar experiencia sino para luchar por medallas. Pero no hubo salto de calidad en la actuación, apenas avances y retrocesos probablemente más producto de coyunturas particulares (talentos, momentos) que de una planificación estratégica.

El crecimiento del deporte argentino, además, con sus grises, con sus idas y venidas, se da en el contexto de un crecimiento general del deporte sudamericano. Por lo tanto, todo será para Argentina una pelea por sobrevivir, por mantenerse: la lucha casi desesperada por el tercer lugar, un tercer lugar simbólico que no cambiaba demasiado el análisis, da cuenta de la lucha mano a mano que el país debe enfrentar en cada torneo continental desde que el deporte es una cuestión de estado.

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