La fiesta

 

En un país pujante, los Juegos Sudamericanos resultaron una fiesta. Estructuras nuevas, que quedarán para alimentar el crecimiento del deporte chileno que se intenta comandar desde el ADO (Asociación de Deportistas Olímpicos) desde hace un año. Un marco espectacular, con estadios colmados cada fin de semana, con graderías atestadas de gente en deportes marginales para el público masivo como la esgrima o el tenis de mesa: espectadores que son potenciales practicantes, claro, pero además nuevos consumidores, que, si se aprovecha el envión, se acostumbrarán a interesarse por las vicisitudes de sus atletas en diversas disciplinas y lo seguirán a través del Canal del Deporte Olímpico, otro gran acierto.

Que haya más televidentes, más consumidores, es una oportunidad de crecimiento como ninguna otra para el deporte amateur, que depende sino de las dádivas estatales. Al tener el deporte más visibilidad, y mayor audiencia, se vuelve más atractivo para la inversión de sponsors, cruciales en potenciar la carrera del atleta y también su bolsillo, y también para la transmisión de los eventos: todo significa mayores ingresos a las federaciones.

Por supuesto, los efectos a largo plazo de este tipo de entusiasmos debe estudiarse: ¿cuántos de estos televidentes quedarán cuando pase la fiebre del oro nacionalista? ¿Cuántos practicantes se sumarán? ¿Cuánto esperarán los anunciantes para plegarse al entusiasmo general? La respuesta seguramente no será absoluta, sino que más bien dependerá de si hay continuidad en este proceso o si se trato de un show esporádico. Las consecuencias positivas para el deporte serán mayores o inexistentes según se prolonguen los esfuerzos o no.

Pero, más allá del beneficio, los juegos dejan un gustito positivo: por las convocatorias, por una especie de solidaridad chilena a la hora de participar como espectadores, también por la prolijidad del evento, un modo de intentar remover los Juegos del estado de abandono televisivo que sufren desde siempre. La sensación general a sido que, si en 2006 los Juegos en Buenos Aires fueron largamente desaprovechados, estos de Santiago tienen todo para ayudar el movimiento de Chile para, a través de la visibilidad mediática y el dinero privado, llevar a Chile a la lucha por el podio sudamericano.

Pero, más allá de cuánto aproveche cada país en particular, queda también la certeza de que el deporte amateur comienza a salir de las sombras. Hoy una verdadera cuestión de estado LINK, el público, siempre ávido de deporte, comienza a apreciar la ampliación de la oferta, salir del todopoderoso fútbol aunque más no sea por un rato. El fútbol, con sus shows mediáticos montados para acaparar también los días de semana sin práctica del deporte, apela a un costado pasional del hincha que ahora comienzan a intentar aprovechar los dirigentes del deporte amateur, a partir del nacionalismo latente en toda la población. La lucha es aún muy desigual, pero el deporte amateur comienza a ganar terreno y a disputar algunos espacios marginales. En el mundo hiperconsumista de hoy, pareciera, hay lugar para los dos: pero nadie quiere ceder.

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