Crónicas sudamericanas (II) Epic win

Sangre en el tatami

Karate masculino hasta 75kg

Franco Icasati sangra por la herida. Absolutamente visitante, alentado por sus compañeros y pifiado (chiflado) por todo el estadio , espera al médico preocupado, mientras el rostro le baja por el cachete y cae sobre el tatami.

Es la final de -75kg del karate, en los Juegos Sudamericanos. Icasati gana 1-0, pero un roce le cortó la ceja. Entre Rocky y Karate Kid, comienzan a trabajar sobre el ojo. El público pifia. Pide la descalificación. Hay toda una historia detrás.

Miguel Amargós, compatriota de Icasati, pelea en la final siguiente. Llegó allí tras ir perdiendo 0-4 contra el local Jorge Acevedo que, con un sangrado que no paraba, fue forzado por el arbitraje a abandonar. El clima entonces se volvió absolutamente hostil para el equipo argentino: “Eso inclinó el público a favor de Ecuador y en contra mío”, declararía Icasate tras la pelea.

Amargós finalmente sería oro: vencería, otra vez por lesión, al colombiano Diego Lenis: Amargós iba perdiendo cuando la pierna de Lenis dejó de obedecer. Intentó pelear a lo Daniel-san, pero otra vez llegó el parate arbitral (kiken). Amargós, en medio de un abucheo atronador, no pudo celebrar demasiado su logro.

Icasati sufre. Sufre la hostilidad, aunque, diría luego, “siempre trato de abstraerme de las situaciones externas e intento concentrarme en el tatami”. Sufre la tardanza del médico en cerrar la herida, aunque dijera luego que “confié en el médico”, que le dijo que “no quiero que pase lo mismo que en la pelea anterior”. En su fuero interno debe saber que el antecedente de Amargós, entre la presión del público y la necesidad de compensar aquella polémica decisión, conspiran contra la posibilidad de que lo dejen seguir.

Los médicos lo tranquilizan. Le aplican la gotita sobre el ojo izquierdo, y el mejunje de sangre y pegamento que se forma le cierra el sangrado: ahora, el argentino sabe que debe proteger el ojo, la ventaja, el oro.

Y comienza con ese plan. Circula el tatami. Espinoza, su rival, se queda en el centro luego de varias intentonas de atraparlo. Se frustra. Casi que se da por vencido. Entonces Icasati huele sangre, y no la suya: quedan 30 segundos en el reloj y arriesga. El golpe da en el blanco. Icasati grita, celebra: el marcador muestra un 2-0 irremontable. El tiempo se escurre. Suena la chicharra.

Franco Icasati es el nuevo campeón sudamericano. Y asegura plaza para Toronto 2015, en una pelea de película.

La conquista de los 400 libre

Con la adrenalina nadando por el flujo sanguíneo, arribamos al Centro Acuático Nacional, ubicado a orillas del Estadio Nacional de Santiago. La primera jornada dejó buenos resultados para la natación argentina, y los finalistas de hoy quieren continuar con la tendencia.  La tarde noche comenzaba bien, con la inoxidable Cecilia Biagioli ganando el bronce en los 800, su novena medalla Odesur: la carrera se la llevó Andreina Pinto Pérez, figura de estos juegos con cuatro medallas, tres de ellas doradas; en los 800, al igual que había hecho en 400 libres, relegó a la esperanza local Kristel Kobrich; una hora y pico más tarde, dejaría atrás en los últimos 50 del 400 combinado a Virginia Bardach, que se llevaría una plata brillante para sumar a su oro el 200 medley.

El andar argentino continuaba luego con el segundo lugar de la joven Andrea Berrino en 200 espalda; pero nada podría preparar el escenario para lo que venía.

Los 400 libres, atrapante distancia entre la estrategia del fondo y la velocidad de las distancias cortas, eran terreno de medallas para Argentina. Partían en la final Martín Naidich, récord sudamericano en 800 y 1500, y Juan Martín Pereyra, plata en la prueba en 2006: eran el segundo y tercer mejor tiempo de cara a la final, detrás del colombiano De Angulo. Pero, se leía en los tiempos, todos habían guardado un importante resto en la final.

Tras la partida, los carriles del centro se cortaban inmediatamente buscando marcar un ritmo imposible de seguir para el resto. La carrera era bastante más veloz que las premiliminares, y aceleraba. Pereyra llevaba la prueba; lo seguía el colombiano.

De repente, Naidich comenzó a quedarse: ¿se cansaba o preparaba el remate? Pasó cuarto en 350, a un segundo del líder que ya no era Pereyra, porque, furtivamente, el brasileño Ferrari de Olivera se había metido en la punta desde el carril ocho, invisible para los líderes. El colombiano De Angulo defendía su presea, mientras Pereyra peleaba brazada a brazada contra el brasileño.

Entonces, Naidich desató la magia. Sus últimos 50 fueron para los anales de la natación: su resto parecía su salida, lejos de las brazadas grandes y chapoteras que obedecen a la lógica de un cansancio que desarticula la técnica. Esos 50 los nadó en 27.31: fue el mejor parcial de la carrera, incluyendo su propia salida (27.62) y la salida de Pereyra (27.56).

Juan Martín Pereyra, mientras tanto, pasó segundo, pero iba tan pegado a Ferrari y De Angulo que era imposible saber quien lideraba. Todos tiraron el resto. Pereyra parecía segundo, luego, tercer, luego, cuarto. El colombiano y el brasileño también cambiaban, brazada a brazada, posiciones. Los tres hicieron sus 50 más rápidos desde la salida, una pelea feroz por estar en el podio. Nadie sabía que había pasado cuando tocaron la pared.

El tiempo de los tres dimensiona la enorme paridad del final: Pereyra había cronometrado 3:56.80, a 9 centésimas de Ferrari, que había llegado desde el carril ocho al podio. Desolado, el colombiano se bajaba del podio, a tres décimas (3:57.07).

Naidich los había pasado a todos.

Los 27.31 finales lo catapultaron de cuarto a primero en 50 metros: incluso, tocó con cierta holgura la pared, firmando 3:56.53, a medio segundo de su compatriota Pereyra. Los dos habían protagonizado una batalla memorable, que el puñado de compañeros que estaban en las gradas celebraron como un Mundial. Bajaron los cánticos de la tribuna, ante una anonadada y respetuosa mayoría brasileño-colombiana. Naidich y Pereyra boqueaban: habían metido el uno-dos con todo lo que tenían, y ahora colgaban de los andariveles sin poder celebrar la conquista del 400 libre.

Santiago 2014

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