La desolación

Sí: este artículo tendrá tintes apocalípticos.

Tenis en countries.

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Ante un puñado de personas, celebraban la victoria aplastante sobre Japón las integrantes del equipo de Fed Cup. Lideradas desde hace un par de años por Paula Ormaechea, la tenista de su generación con más potencial (y que probablemente con los años se inserte con estabilidad dentro de las mejores 30 del mundo), han brindado importantes gestas, pero casi nadie ha estado allí para verlas.

El año pasado jugaron en un Parque Roca que ni siquiera se nutría con entradas que se repartían gratis por internet; este año se mudaron a Pilará, un ambicioso country-club que cuenta con 14 courts (2 de cemento), una cancha de golf y otra de polo, y que cuenta entre sus accionistas a Gabriela Sabatini, Marcos Heguy y Jack Nicklaus y cuyo tenis es dirigido por Gustavo Luza. Pero que no deja de ser un club de tenis. Socias del silencio, consiguieron gracias a su victoria ante Japón acceder a una chance por el ascenso al Grupo Mundial I. “Hoy las de arriba son mejores”, aclaró Ormaechea tras la serie, “pero esto es a futuro, a largo plazo”.

Parece imposible que el público le de la espalda a los varones como se la da a las mujeres. El tenis femenino solo fue masivo cuando Gaby se paseaba por los courts de la elite, mezcla de prejuicio de género acerca del nivel del deporte y falta de una figura de referencia. Y sin embargo, el tenis masculino, en su tortuosa década del noventa, llegó también a jugar Davis en un country: la serie que abrió el Grupo Americano de 1998 se jugó en el Mayling Club de Campo, cerquita de Pilará, casi sin testigos del 5-0 contundente sobre Colombia. Aquellos años, dicen algunos, podrían volver.

Porque Argentina atraviesa uno de sus peores momentos tenísticos, maquillado por la actualidad de Juan Martín Del Potro en el circuito pero jugándose la permanencia en la elite de la Davis a meses de ser semifinalista, sin referentes que encabecen el equipo, sin jugadores en cuartos del ATP de Buenos Aires (inédito en las últimas 17 ediciones), y sin recambio a la vista en el mediano plazo.

La importancia de Tandil.

Todo se desmoronó en un inicio de año fatal. La anunciada caída ante Italia abrió la temporada, dejando a Argentina al borde del abismo por primera vez en 13 años: desde que ascendiera en 2001 no había tenido que disputar nunca una fecha por la permanencia y alcanzó seis semifinales y tres finales. Pero el equipo, sin Nalbandian, parece acéfalo. Ssus jugadores, cada vez más parte del tenis obrero de challengers e interclubes, y también cada vez más veteranos, no consiguen hilvanar dos triunfos seguidos en el circuito. Jaite sufre: seguramente prendió una vela por la presencia de Del Potro, pero el tandilense, todavía enfurruñado por la elección de Jaite como capitán en 2011 y cansado de la marca a presión de ciertos medios, volvió a bajarse de la Davis por el resto de la temporada.

Lo hizo, para colmo, con otra dura carta pública, donde nuevamente deja mucho abierto a la interpretación y, por ende, a la novelización mediática del hecho, algo que nada hace para acercar las partes. A Del Potro, ya desgastada su relación con el público, no le interesa participar en el circo de la Davis argentina, y, en un momento delicado de su carrera, donde las lesiones minan su confianza, no parecería necesitar de los juegos de poder que se ponen en disputa en cada serie. Ni siquiera lo sedujo la idea de volver como el salvador: los cantos tribuneros (manijeados o no por los dirigentes) entonados otra vez en su contra en la serie con Italia, sumado a los puentes demasiado sutiles que intenta trazar Arturo Grimaldi con el jugador (intentos de acercamiento demasiado tímidos, poco decididos) parecen haberlo sacado de quicio y motivado a ventilar, otra vez y aunque sea parcialmente, la interna con la AAT.

La Asociación Argentina de Tenis, mientras tanto, empieza a despertar. Probablemente los principales responsables de no sanear el vínculo con Del Potro a tiempo (ya parece demasiado tarde), se percatan ahora que, tras la abidación del Rey David, el tandilense se vuelve crucial ya no deportivamente sino institucionalmente. La AAT es Davisdependiente para sus arcas, y el descenso implicaría un fuerte golpe a sus ingresos tanto en términos de TV, esponsoreo, ingresos de la ITF y, claro, venta de entradas. Ya las series de 2013, con un Nalbandian en retirada, presentaron un marco de público austero en el Mary Terán de Weiss, que motivó la mudanza en 2014 hacia Mar del Plata, para aprovechar la temporada estival. Pero sin figuras la gente tampoco  se acercó masivamente y menos lo hará ante un eventual descenso.

La figura de Del Potro resulta entonces crucial para atraer al público (más allá de que su magnetismo con los argentinos no sea el de antes) y para mantener la competitividad deportiva que asegura diversas entradas de dinero. Sin ese dinero, los proyectos de la AAT para revertir el actual momento (que incluye, además de los planes de promoción y apoyo a los jóvenes valores, un sistema de becas para los jóvenes profesionales para ayudar a la generación pos-Legión a instalarse definitivamente en el circuito) seguramente sufrirán y verán mermar su eficiencia.

La desolación de Buenos Aires.

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La baja cantidad de público en el tenis se enmarca en una problemática global: se trata de un deporte que requiere de largas horas para el espectador, que se ve mejor por televisión y que, además, se resiste a popularizar los precios en busca de nuevos públicos. Chris Kermode, el nuevo director de la ATP, ha diagnosticado que se trata de la principal crisis del tour, que así como no ve renovación en sus tenistas, casi sin tenistas sub 20 dentro del top 200, tampoco ve renovación en su público. Los jóvenes se acercan a deportes que los identifican más, con figuras adolescentes y manierismos menos conservadores: por ello Kermode plantea relanzar la gira de challengers, potenciando a las generaciones más jóvenes y empujando un recambio generacional que de pimienta a la narrativa del deporte, estancada hace una década en la lucha entre los Big Four.

Chris Kermode contó sus planes a La Nación mientras visitaba el torneo ATP de Buenos Aires para determinar su lugar en el calendario de 2015. La Copa Claro compite contra San Pablo por un lugar, y si bien el torneo argentino tiene gran tradición y el dirigente se mostró impresionado por la juventud de los espectadores, puede llegar a primar la preponderancia económica de los brasileños, que por cuestiones económicas y presente cambiario no sólo pueden presentar un torneo mejor organizado, sino traer más estrellas. En ese sentido, la baja de Rafael Nadal del torneo significó para Jaite (director del ATP 250) un durísimo golpe: el torneo, de la categoría más baja dentro del ATP Tour, lucha año tras año por traer figuras convocantes que permitan un estadio lleno al menos en las jornadas finales.

Pero Rafa, lesionado desde la final de Australia, anunció que no llegaba y para colmo, el otro factor que vuelve el torneo atractivo al público, la presencia de jugadores argentinos, sufrió este año no tener un jugador figurita tras el retiro de Nalbandian (hueco que no llenan Mónaco o Berlocq, desde ya) y para colmo fue sede de la confirmación del momento que atraviesa el tenis argentino al despedir a todos los locales tras dos rondas.

La organización se había movido rápido ante la baja de Nadal y había conseguido traer a último momento a David Ferrer, quien fiel a su costumbre se llevó el trofeo por tercer añó seguido. Su presencia, por ranking y feeling, fue un aliciente estratégico en la pugna con San Pablo, pero la batalla está lejos de haber terminado.

El futuro.

A lo mejor, el gen del sálvese-quien-pueda, motivado por las viscicitudes de un país inestable, quizás esté en el eje de las constantes disputas de poder  que son tendencia en el deporte argentino. Pero, en rigor, Argentina está jaqueada en sus intentos de competir por el mundo más allá de los procesos institucionales y las actuaciones deportivas: el cambio actualmente hace imposible a los jóvenes encarar giras, comprar equipos importados, buscar puntos en los torneos grandes en el exterior. Varios se conforman con la sumatoria que consiguen en los torneos continentales, una estrategia válida aunque quizás una experiencia tenística menos enriquecedora a la larga. Mientras tanto, en el mundo se apuesta cada vez más fuerte al tenis y surgen talentos por todos lados. El futuro está hipotecado desde las desiguladades que tiene que enfrentar el tenista argentino, aunque han sido varias las crisis y la tradición existente en el país ha permitido mantener ciertos niveles de competencia.

El futuro preocupa, aunque en el horizonte asoma una camada interesante de chicos y chicas que no pisan los 16 años. Pero si el futuro a largo plazo es lo importante, lo urgente que le quita lugar en la agenda es el presente y el futuro inmediato. Todos concuerdan en que hay una crisis, un vacío dejado por la Legión: algunos ven cierta lógica del deporte, cuyos éxitos se construyen cuando florecen generaciones geniales en el pantano, prueba primera de lo cual es Del Potro, un talento fuera de contexto. También están los que afirman que a los jugadores sub 25 les faltan algunos años para madurar su tenis y que podrían complementar bien un tenis encabezado por el tandilense: particularmente dos que son pedidos para la Davis en septiembre, Federico Delbonis y Leonardo Mayer. Otros, en cambio, ven en el presente el resultado de un proyecto displiscente, que nunca preparó el post-Legión. Lo cierto y contundente es que los veteranos se alejan de las mieles del éxito y los más jóvenes no consiguen insertarse entre los 100 primeros y no cuentan victorias en los grandes escenarios.

Así, el presente de los varones se asemeja fuertemente al de las mujeres: descartada la posibilidad de un salvataje mesiánico de Del Potro, el tenis argentino femenino y masculino no está para jugar en la elite. Una mala noticia para una asociación cuya economía depende de los ingresos de la Copa Davis y que ve ahora la posibilidad cierta del descenso, una situación cercana al cataclismo que parece haberse desencadenado de golpe sobre el tenis masculino argentino pero que en realidad, hace rato viene dando señales de su enfermedad.

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