¿El vengador?

“Prepárate Cleveland: el

último hombre que te la dio

tan duro y luego desapareció

fue LeBron James”

(Barney Stinson)

2014 NBA All-Star Game

 Ted Mosby, el empedernido romanticón que protagoniza la serie How I Met Your Mother. Ted, un enamorado serial, tiene algunos problemitas para dejar ir al amor de su vida, Robin, y, en la misma obsesiva medida, para aceptar la partida de Cleveland de LeBron James. En efecto, la ciudad sufrió la descorazonante partida de su astro, estrella precoz que había prometido conducir a la franquicia a su primer anillo para partir luego a Miami y conseguir allí dos anillos, y nunca se recuperó.

Para LeBron, lejos de una traición, la mudanza fue provocada por Cleveland: en el basket NBA del uno contra uno, un talento descomunal como James (o Jordan o Kobe) pueden llevar a una franquicia al campeonato, pero no dejan de necesitar de cierta compañía. Le sucedió a Jordan en Chicago, donde tras varios años de encabezar la lista de goleadores en un Chicago mediocre, comenzó a presionar para formar lo que sería el mejor equipo de la historia. Kobe tuvo a Shaq: James no consiguió que Cleveland lo rodease del talento necesario para conseguir el título y el traspaso a los Heat aparecía como una necesaria movida en su carrera. Allí lo esperaban Dwayne Wade y Chris Bosh: los tres, como Jordan, Pippen y Rodman, reparten roles y presiones en el bicampeón de la NBA.

Pero LeBron no hizo las cosas fáciles para los fanáticos de los Cavalliers. Se transformó en agente libre para huir de Cleveland y recibir la mejor oferta posible, un evento que transformó en un especial televisivo de una hora (“The Decision”, por ESPN), desde donde anunció (por primera vez incluso para las franquicias que lo cortejaban) que iría a Miami. Comenzó entonces entre los hinchas de Cleveland y LeBron una dura disputa que tuvo mucho de despecho. El presidente denunció su comportamiento, los hinchas quemaron camisetas. James soportó además críticas del mundo del basket, incluidos Jordan y Magic, que deslizaron que ir a los Heat a compartir en peso en la ofensiva, en lugar de conseguir el anillo como astro solitario, era algo cobarde. LeBron se convirtió en uno de los atletas más odiados del deporte estadounidense.

Corría el año 2010 y con estos condimentos la temporada no podía ser menos que explosiva. El recauchutado Miami ganaba y ganaba, convirtiéndose en favorito rápidamente ante la mirada rencorosa de los hinchas de Cleveland y el recelo del resto de la patria deportiva. Miami era el equipo a vencer, y James el villano máximo que, para colmo, adoptó el rol y hasta lo disfrutó, silenciando canchas a medida que la temporada avanzaba. Pero, camino a taparle la boca a todos, la presión del anillo evitó que consiguiera sus números habituales (en la serie final bajó 8.9 su promedio de goleo respecto a la temporada regular y promedió apenas 3 puntos en cuartos cuartos) y, en su segunda final (ya había acariciado el título con los Cavs en 2007, año que ganaron los Spurs), el título, celebrado en todo Estados Unidos, fue para Dallas. Regocijo para Cleveland y sensación de fracaso para James, quien según contó pasó una semana aislado del mundo tras la derrota.

La polémica continuará para siempre, pero LeBron se mostró arrepentido y, más maduro y callado, concentrado en su juego y tomando distancia de ese 2011 mediático, adolescente y fatal, conquistó su primer anillo en 2012 (y también el MVP) ante la furiosa mirada de Cleveland y algo más de respeto por parte del resto del mundo. El triunfo inauguró la postergada era LeBron para regocijo de Nike, la compañía que venía asupiciando al atleta con la esperanza de llenar el vacío dejado por MJ23.

Una nueva esperanza.

Cleveland sangraba por la herida más que nunca, mientras veía a quien le había jurado lealtad levantar el trofeo con otra remera: pero disimulaba mientras comenzaba su idilio con una nueva esperanza: aquella temporada los Cavalliers elegían en el draft a un joven Kyrie Irving, de 21 años, llenar el vacío dejado por LeBron. Un descomunal talento para sacar otro. Irving no tardó en demostrar su audacia y versatilidad, un explosivo base capaz de anotar, pasar, correr y defender, aguerrido y líder nato. Pero en Cleveland el problema de fondo persistía: el joven ganaba el premio al novato del año y brillaba en la cancha (18.5 puntos y 5.4 asistencias por partido en su primera temporada), pero los Cavs no conseguían superar la temporada regular en sus primeros dos años con el equipo (.318 en 2012 y .293 en 2013).

Irving la sigue rompiendo y la descoció toda en el Juego de las Estrellas, con 31 puntos (24 en la segunda mitad) para llevar al Este al triunfo: fue el mejor entre gigantes como Kevin Durant y el propio James, pero, como una repetición del pasado, su franquicia pena en la liga, con un record de 25-35 (.386) que lo ubica décimo, a dos puestos del boleto a la postemporada.

Cleveland quiere su venganza, pero solamente con Irving, al igual que ocurrió con James, no parece ser suficiente. Y como los directivos parecen haber aprendido la lección, surgen algunos rumores sobre potenciales refuerzos para los Cavs, uno, particularmente, muy extraño: el regreso de LeBron que convertiría el plan de venganza en el mesiánico retorno del hijo pródigo. Resulta que James tiene contrato con los Heat hasta 2016, pero existe una cláusula que puede liberarlo en caso de una oferta superadora. Y Cleveland estaría dispuesta a hacer ese esfuerzo porque, paralelamente, han comenzado los rumores acerca de una mudanza de Irving a una franquicia mejor, lo cual implicaría para los Cavs revivir el duelo y el dolor de un corazón roto.

Sentimientos encontrados para los clevelandienses: ¿quieren ganar a toda costa, deponer el orgullo magullado por un amor no correspondido y abrazar el retorno de James? ¿O quieren su venganza? El éxito suele tapar todo y, de concretarse lo que hasta ahora es apenas un chimento, indudablemente los hinchas de los Cavs no tendrían los pruritos de Mosby y aceptarían perdonar y olvidar al traidor James.

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