Una familia sobre esquíes

La lista de los atletas argentinos repite un apellido: Birkner aparece tres veces, detrás de los nombres Cristian Simari, Macarena Simari y Jorge, primo de ambos. El título del artículo, que podría ser el de un filme alocado y promocional de alguna localidad alpina protagonizado por Emilio Disi o Chevy Chase, es lo mejor que se nos ocurrió para hablar de esta familia rara que vendió negocios y autos y dejó trabajos para viajar por el mundo persiguiendo la nieve y dedicar su vida, y la de sus hijos, al esquí competitivo: los Simari-Birkner.

Como todas las historias, hay una prehistoria hecha de colinas nevadas, que bien podría ser el escudo de la casa Birkner: Jorge y Magdalena probaron suerte en los Juegos Olímpicos de Sarajevo, y a elos se unieron, cuatro años más tarde en Calgary, sus hermanos Ignacio y Carolina. Mario y Fernanda Simari eligieron el camino del instructorado de esquí, y allí Mario y Teresa se conocieron para continuar la dinastía de esquiadores olímpicos: además de Cristian y Macarena, dieron luz a María Belén y Angélica, ambas esquiadoras. La primera de las dos podría haber estado en Sochi.

La Federación Argentina de Ski y Andinismo según los puntos cosechados por sus esquiadores en competencias internacionales, con 6 cupos para el esquí alpino. Belén Simari Birkner aparecía tercera en ese ranking, pero como las federaciones disponen de su cupo a voluntad, y como eran doce los atletas que habían hecho marca para participar de Sochi, decidieron volcarse por atletas más jóvenes, sin tanta experiencia internacional, como parte de un proceso de renovación y apuesta al futuro que encaran bajo la tutela del Comité Olímpico Argentino. Desde ya, las protestas de la familia no fueron pocas, pero finalmente el propio Tribunal de Arbitraje le dio la espalda a Belén (alegó no tener jurisdicción sobre la decisión de la Federación) y los Birkner viajaron a Sochi sin su hermana, quien, en palabras de su hermana Macarena, es “la mejor de todas”. “Soy tercera entre hombres y mujeres en la lista de clasificación de Argentina, y soy la mejor en el ranking de slalom gigante”, descargó una desolada Belén Simari al conocer la noticia.

“Con total aval y apoyo del Comité Olímpico Argentino (COA) , los criterios que se tomaron en cuenta fueron los puntos y el ranking de la FIS (Federación Internacional de Ski), la proyección y curva de rendimiento de los atletas y la actuación en los torneos nacionales y en el South American Open”, explicó el Jefe de Misión Mariano Rodríguez Giesso. Se sumó a las aclaraciones Matías Jerman, presidente de FASA: “Hay atletas que ya han participado en tres Juegos Olímpicos y si se estudia su evolución, te decidís por un atleta 11 años más joven”

Entre tanta polémica, la buena noticia para el deporte es que, efectivamente, Argentina ha conseguido llevar a los Juegos Olímpicos, gracias a una serie de apoyos económicos y a una mayor organización, a una delegación más numerosa que las habituales, y particularmente joven: a los hermanos Birkner, que pisan los 30, se le sumaron los veinteañeros Salomé Báncora, Julietta Quiroga y Sebastiano Gastaldi, además de su primo Jorge Birkner. “Antes dependíamos de los wild cards o de las invitaciones personales para poder acceder a participar en los Juegos Olímpicos y hoy podemos elegir entre los clasificados. Nos falta mucho camino por recorrer pero tenemos que ir creciendo a pasos seguros”, explicó Mario Moccia, secretario general de del Comité Olímpico Argentino.

En un deporte tan costoso y con los torneos importantes que se disputan muy lejos de Sudamérica, es indispensable el apoyo público, pero más aún el privado: “Pensamos que puede ser el puntapié inicial para que los sponsors sumen su apoyo”, enfatizó Rodríguez Giesso. La apuesta no pasa entonces por financiar a los atletas sino por apostar a un crecimiento del deporte en el país, a partir también de un crecimiento del deporte en los medios. La infraestructura necesaria para hacer crecer el deporte masivamente sigue siendo, sin embargo, una lógica deuda, una que difícilmente pueda saldarse sin el ingreso de los privados. “Generar infraestructura necesaria en el país es costocísimo. Por lo tanto lo que hemos priorizado es que nuestros mejores atletas vivan seis meses en Europa y compitan con los mejores para poder crecer día tras día. Asimismo, como hacen los mejores esquiadores del mundo, luego vienen a nuestro país para hacer la pretemporada y competir en los torneos argentinos o sudamericanos”, apunta al respecto Rodríguez Giesso.

En este sentido, la familia del esquí argentino ha dejado de sentir la soledad de antaño. Sin embargo, estos veteranos han señalado algunas deficiencias en el plan estatal, evidencias de inexperiencia o de derroche. Cristian, quien será el abanderado de la delegación en su cuarta participación olímpica, relataba en una entrevista a Elite Amateur que para que el deporte de invierno crezca hacen falta “dirigentes dispuestos a trabajar para crecer y no sólo conformarse con recibir algún apoyo de entes públicos. Y realizar la gira de una manera que sea vendible y que tenga lugar en los medios de comunicación”.

“Creo que lo primero sería armar un proyecto para que los deportes de invierno sean de práctica popular y así darle a más gente la posibilidad de realizarlos como deporte, no como semana de vacaciones. La falta de apoyo, de infraestructura y de visión son un límite que es difícil saltar para nosotros los deportistas. En Argentina es imposible vivir del esquí y menos mantener una familia. Es cierto que ahora se percibe un mayor apoyo que durante los últimos 15 años, pero sólo un 30 por ciento de lo que se recibe del ENARD se puede aprovechar. El otro 70 por ciento se termina malgastando y perdiendo en burocracia y malas contrataciones”, continuaba el hermano mayor.

Los Simari Birkner saben de lo que hablan. Durante años, nuclearse en el Simari Birkner Ski Team fue una necesidad para sobrevivir, compartiendo ganancias y esponsors y creando su propio nombre, a falta de apoyo estatal o visibilidad. Papá Mario es el manager, y mamá Teresa la entrenadora y skiman: pura austeridad para un equipo que dependió también de favores de amigos para poder perseguir la nieve y esquiar durante los veranos argentinos. La familia además fue fundamental en el desarrollo del centro de esquí de Ushuaia, con pistas construidas bajo la tutela de Cristian, que se constituyó en una de sus bases y a la ve en un centro de entrenamiento para varios equipos europeos.

La realidad parece ir cambiando. Durante mucho tiempo los Simari-Birkner han sido el esquí en Argentina, repartiéndose los premios en disputa. Hoy llegan a Sochi, luego de preparar el terreno a puro sudor, acompañados de una generación más joven que sugieren que está en marcha un crecimiento paulatino del deporte invernal en Argentina. Mientras tanto, los Simari-Birkner ya entrenan a la próxima generación de esquiadores: los hijos de Macarena y Cristian no se salvan y ya entrenan junto a los abuelos Mario y Teresa.

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