Un enroque político

La mañana de ayer, Claudio Morresi dejó sorpresivamente su cargo como secretario de Deportes de la Nación, y Carlos “Camau” Espínola, el velista cuatro veces medallista olímpico, ocupó su puesto. Morresi llevaba al frente de la cartera nada menos que 9 años y medio,  una gestión cuyo caballo de batalla fue desde hace cuatro años la implementación de un sistema de financiamiento de los atletas del alto rendimiento, un logro descomunal en un país que durante décadas (y se incluyen los primeros años del kirchnerismo, con Morresi en Deportes) no prestó demasiada atención al desarrollo del deporte, llegando a su punto máximo de desatención corrosiva durante el neoliberalismo de los noventa, responsable del desmoronamiento de miles de clubes barriales y sus infraestructuras cuna de deportistas.

Sin embargo, se sabe que el verdadero artífice del Enard fue Gerardo Werthein, hoy presidente del Comité Olímpico Argentino, quien presionó para pasar la Ley 26.573. Morresi fue un valioso aliado, responsable además de la puesta en valor de un bastión de la preparación en el alto rendimiento como el Cenard. Pero las acciones estatales más significativas en torno al deporte, desde la creación de DeporTV y el polémico Fútbol para Todos hasta el Dakar, no partieron de su gestión (al igual que el Enard) y, para colmo, los resultados nunca fueron los deseados para un proyecto que precisaba medallas mostrar el valor de su inversión al público general: la gestión Morresi volvió a ganar un oro olímpico tras 52 años (fueron 5 oros desde 2004, tras los Juegos de 1952), pero también quedó cuarto en los últimos Juegos Sudamericanos y séptimo en los últimos Panamericanos, la peor actuación histórica para Argentina, que retrocedió particularmente en su hegemonía subcontinental.

El trabajo de Morresi fue supervisado por su jefa, Alicia Kirchner, ministra de Desarrollo Social, la institución que nuclea a la Secretaría de Deportes (una cuestión largamente discutida: muchos sostienen que Deportes precisa su propio ministerio, aislado de ciertas “obligaciones” sociales; se trata de una pelea profundamente política), con quien refundaron los Juegos Evita, un fuerte avance en la articulación entre deporte y escuela y un bastión del peronismo. Sin embargo, la gestión Morresi dejó de lado a los clubes abandonados durante la década del 90, verdadero semillero del país, uno de los puntos más discutibles de su gestión y una de las recriminaciones que le hizo la militancia oficialista.

Al respecto escribió Emiliano Ojea, presidente del Observatorio de Políticas Públicas Deportivas, en Mundo Amateur que “el deporte es un gran convocante en cada barrio, las actividades pasan por los clubes de barrio o por los potreros. Si lo comparamos con el primer peronismo, en esta década no hubo la decisión política de fundar o refundar clubes sociales, como sí la hubo en construir mil escuelas, hospitales o centros de salud. Este punto es algo que parece tener claro el flamante Secretario, “Camau” Espínola, que en su primera entrevista planteó que “queremos trabajar con los clubes pero también con las organizaciones barriales. Es una decisión política del Gobierno de la Nación que intentaré desarrollar generando relaciones con los intendentes y gobernadores, a los que seguiré ayudando desde mi lugar en las gestiones que podamos. Nuestra idea es generar políticas de contención social e inclusión, desde un lugar relativamente sencillo, que es el deporte”.

A pesar de la cercanía entre el ex secretario y la hermana de Néstor Kirchner, Morresi fue corrido de su cargo, tras una década que no dejó los resultados vistosos que sus superiores esperaban que operaron como excusa para promover la remoción de una traba para el proyecto político kirchnerista. El ciclo de Morresi mostraba señales de desgaste, ciertamente, tras tantos años al frente de un secretariado complejo como es el deporte, siempre sujeto a un escrutinio exagerado, incluso a veces cruel. Pero la dimisión de Morresi fue por desgaste: rodeado políticamente por grupos militantes que pretendían utilizar el deporte para fines políticos, el ex secretario terminó por escapar del cargo.

“Hay un fuerte reclamo desde las dirigencia política de las agrupaciones que apoyan al Gobierno de no poder contar con el apoyo de la Secretaría en ninguna de sus acciones; el Proyecto Nacional tiene una fuerte impronta de recuperar la herramienta de la construcción política como uno de sus pilares, gran parte de esta apuesta pasa por la construcción territorial de las Organizaciones Sociales y Políticas que acompañamos el modelo”, escribió sobre la gestión Morresi Emiliano Ojea. El deportista, para el peronismo y para muchas fuerzas nacionalistas, siempre fue un embajador, una muestra de la grandeza de la patria.

El trasfondo político fue confirmado por algunos periodistas: “Morresi se mostró incómodo en los últimos meses por la creciente importancia que cobró Luis Vivona (subsecretario de Planeamiento y Gestión Deportiva) dentro de la gestión de los Juegos Evita. De manera paralela, comenzó a crecer la figura de Camau Espínola como su reemplazante, no sólo por el perfil deportivo del correntino sino porque como intendente de Corrientes, entre 2009 y 2013, tejió una cercana alianza con el chaqueño Jorge Capitanich, actual jefe de Gabinete”, escribió el periodista de Olé Ernesto Rodríguez en su cuenta de Twitter. “¿Podrá Espínola gestionar en medio de “funcionarios militantes”?, se preguntó Claudio Federovsky. Camau, en este sentido, aparece como un hombre fuertemente ligado al núcleo duro del oficialismo, candidato por el partido para gobernador de su provincia de Corrientes el año pasado y, como mencionó Rodríguez, muy cercano al nuevo jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, cuya asunción habría sido también clave para terminar la gestión de Claudio Morresi al frente de Deportes.

El ex secretario pasará ahora al Observatorio Nacional de Deporte y Actividad Física, un ente de contralor cuya creación resulta clave para discutir la eficiencia y objetivos del uso de fondos públicos para el deporte, pero sin dudas es bajar unos peldaños para Morresi, que del cargo máximo para tomar decisiones en torno al deporte pasará “meramente” a controlarlas y analizarlas.

Espínola contará, en tanto, con un fuerte apoyo político (que algunos quizás confundirán con un direccionamiento), pero se las verá bravas rápidamente: su asunción se da a un mes de los Juegos Sudamericanos, donde Argentina realizó en 2010 su peor tarea histórica, cayendo del podio; además, asume en la mitad del ciclo olímpico, y se sabe que Río 2016 será el primer gran examen para el proceso que comenzó en 2010 con la creación del Enard. Y si es evidente que Río se construye desde ahora, también lo es que Buenos Aires 2018 ya se juega: Camau debe realizar un rápido trabajo en las bases para evitar que sea demasiado tarde.

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