Punto de quiebre

Versión corta publicada en EL DIA

Ocurrió lo que tenía que pasar. Hubo dignidad en la derrota del tenis obrero argentino, pero hubo derrota. Fue una posibilidad desde comienzos de 2013: Argentina atravesó su cuarta serie, su segundo año, sin un jugador que garantice los porotos (ni el Mónaco 13-14 ni Nalbandian gastando sus últimas balas eran ese jugador), por esa insistencia insensata de perpetuar una rencilla de egos.

A esta altura, parece claro que a Del Potro no lo desvela jugar Copa Davis, un torneo que lo obliga a modificar su calendario y a arriesgar lesiones, una recurrencia en su carrera que ha minado su confianza. Y también desestabiliza sus emociones: sus idas y venidas han complicado su relación con el público y los medios argentinos, mucho más celosos de la Patria cuando se pone en juego en el deporte, que en otras ocasiones.

Aquella serie con República Checa en 2012 (la última que jugó) marcó un antes y un después en la relación entre Jaite y Del Potro. El tandilense llegó con lo justo a la serie, arrastrando su crónica dolencia en la muñeca. Entrenó por su cuenta y no con el equipo argentino, anunció su participación a días de la serie “por la gente” y, tras vencer a Stepanek, se bajó del  segundo encuentro ante Berdych. Argentina fue eliminada.

Del Potro quedó muy expuesto luego de la semifinal de 2012 y de su posterior decisión de no jugar Davis en 2013. Jaite estableció una fecha límite para que los jugadores respondan al llamado del equipo y, como la Torre no respondió, el capitán armó el equipo para la primera serie de 2013 sin él; Del Potro retrucó bajándose por el resto de la temporada. Había, en Del Potro y su equipo, la sensación de una conspiración armada en su contra, para, como el mismo escribiría un año más tarde, “dejarlo mal parado frente a la opinión pública”.

La carta.

Bajo esta percepción, decidió contratar un jefe de prensa que manejara sus comunicaciones para que no hubiera intermediarios que transformasen sus palabras. Pero, lejos propiciarse así a lo largo de 2013 un acercamiento entre las partes, el tandilense cerró el año haciendo públicas ciertas internas que lo alejaban del equipo, desmintiendo de ese modo las razones que él mismo esgrimió para no jugar Davis y rompiendo los siempre polémicos “códigos” del deporte.

El 15 de noviembre de 2013 Del Potro envió a la Asociación Argentina de Tenis una dura carta donde exponía su decisión de no ser parte del equipo ante Italia a Arturo Grimaldi, el presidente de la institución: “Estoy cansado de que se me invite por mail o mensajes y al mismo tiempo me presionen a través de cierta prensa sacando notas sobre si juego o no la Copa Davis, intentando dejarme mal parado frente a la opinión pública, me parece un doble discurso hipócrita”. Así, parecía desmoronarse el precario puente reconciliatorio que la federación, ante el retiro de David Nalbandian y la perspectiva de formar un equipo sin referentes, intentaba (tardíamente) construir.

Alguien tiene que ceder.

La AAT sabe que las chances argentinas ya no de campeonar, sino de mantenerse en la elite, dependen en esta era post-David, de Del Potro: su respuesta, diplomática y reconciliatoria, intentó bajarle los decibeles a la pelea y mantener las puertas abiertas para la siguiente ronda, que tras la derrota ante Italia se convirtió en un riesgoso partido por la permanencia. Pero la rencilla sigue siendo pública, protagonizada por declaraciones antes que por hechos, viciada de rencores añejos y recriminaciones veladas publicadas en primeras planas muchas veces maliciosas. Del Potro espera gestos que la orgullosa AAT no está dispuesta a conceder; si quiere jugar, piensan, debe jugar, sin tener en cuenta capitán o plantel y sin esperar trato preferencial.

Y así, se ha llegado a esta situación límite. Argentina se jugará en septiembre la permanencia, y será un verdadero suplicio para esta veterana cofradía de obreros del polvo de ladrillo si toca visitar algún país adepto a las superficies rápidas. La Argentina post-Legión cayó en la repesca tras 12 años y, se respira, sin Del Potro y sin recambio a la vista, dependerá de los sorteos, vivirá en los repechajes o sucumbirá a la zona americana.

Pero la reinserción del tandilense en el grupo no parece tan sencilla, en parte por la mediatización de la disputa, en parte por esa costumbre argentina de formar bandos. ¿Habrá un cara a cara entre Jaite y Del Potro para aclarar los tantos? ¿Aceptará el equipo al tandilense como un salvador, tras su ausencia de un año de la Copa? ¿Jugará Delpo independientemente de calendarios, de superficies… de capitanes? ¿Renovará la AAT el vínculo con Martín Jaite, sabiendo de su espinosa relación con la raqueta número uno? ¿Cómo será su relación con el público? Alguien, pareciera evidente, tiene que ceder. La pregunta es quién, como dicen los anglosajones, es el mejor hombre y depone el orgullo.

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