La irreverente nueva ola

¿Te acuerdas de Elvis, cuando movió la pelvis? El mundo hizo plop.

Así fue la emergencia de Roger Federer al circuito. Tras un par de años de juventud enojada, el suizo se tranqulizó y el tenis fue suyo. Batió casi todos los records y pasaron años hasta que encontró oposición.

Entonces, apareció Nadal. Primero una amenaza en polvo de ladrillo. Luego invadiendo y conquistando otras superficies, depredando el reino de quien nunca había tenido dudas sobre su superioridad. Y Nole, para discutir a Rafa, un jugador completamente nuevo, pura intensidad y decisión sin que ello implique el error. La evolución del tenis.

Entre los tres fundaron una nueva era. Desde 2005 en adelante, el tenis y los trofeos fueron de ellos, apenas perseguidos, sin demasiada decisión, como si supieran su lugar, por Andy Murray y David Ferrer. Pero ahora surge una camada que juega a lo mismo que juegan ellos, a ese deporte de tirarle a la línea como quien bosteza, de peloteos interminables en canchas duras, de 4 horas por partido. El Big Three, Four o Five ya no es tan inalcanzable.

¿DECLIVE?

Parte de la responsabilidad la tienen los propios protagonistas. El declive de Federer es natural, a pesar de lo cual acaba de pasar a Murray y está en semis de Australia. Roger sigue vivo, quizás porque del acercamiento hiperexigente que intentó el año pasado, con la pretensión de ser número 1, ahora, apoyado en Stefan Edberg, parece relajarse y, sencillamente, disfrutar de su lugar en el tenis. Menos presión para el suizo, menos obligaciones, menos frustración si los resultados no llegan.

Nadal, en tanto, siempre jugó un tenis poco sustentable. Su lesión de 2012 evidenció que, a pesar de las modificaciones a su juego para aminorar el desgaste físico (mejoras en el saque, mayor predisposición ofensiva), su cuerpo paga su tenis heroico. Su formidable mente labura, labura y Rafa sigue pasando, pero la tremenda ampolla que lo acompaña en este Australian Open habla el mismo idioma.

Djokovic no tiene problemas físicos, y su tenis huele superior al de Rafa y Roger; y sin embargo, no parece tener la intensidad necesaria para bancar ser el uno por un tiempo prolongado, para ser rey como fue Federer. Si no la tiene el increíble hombre elástico, ¿quién la tiene? El mundo del tenis se ha emparejado, los peligros surgen ahora en octavos, en cuartos de final, ya no se navega por aguas tranquilas hasta la semi. Jugar partidos hipercompetitivos todos los días lleva a un desgaste físico y mental cuya consecuencia es la actual vulnerabilidad de ese fuerte antes inexpugnable que supo ser el Top 4. Estamos ante un tenis más dinámico y cambiante.

LA NUEVA OLA

Esta semana apareció el tenis que todos esperaban de Kei Nishikori, el comandado por Michael Chang, que superó tenísticamente a Nadal en octavos, pero el español chapeó el encuentro y se aprovechó del verdor del japonés. Lo mismo puede decirse del encuentro de hoy entre Rafa y Dimitrov: tras perder el primer set, el mallorquín supo aguantar los embates en el segundo y tercero hasta el tie break, allí hizo pesar la camiseta y, dos sets a uno abajo, Dimitrov mostró su vieja cara volátil. En la red, sin dudas Nadal lo consoló reconociendo que, probablemente, el búlgaro se transforme en un habitué de las segundas semanas.

Nadal fue esta semana un catador de jóvenes promesas. Le tocó primera contra Tomic (que abandonó), segunda contra el crédito local Kokkinakis (uno de los dos australianos del futuro junto a Nick Kyrgios, que cayó en segunda ronda; ambos tienen 18 años) y luego fue contra el resucitado Monfils. También Del Potro, por caso, tuvo rondas iniciales inesperadamente difíciles: si la derrota con Bautista Agut es difícil de comprender, la dificultosa victoria contra el talentoso Rhyne Williams no lo es tanto. Estos jugadores sin preclasificación flotan por el draw amenazando con complicarle la primera ronda a cualquiera.

A estas amenazas del presente y futuro hay que agregarle a los renacidos: Berdych es una obviedad, pero no lo son tanto Wawrinka (ya analizamos el caso del suizo el año pasado), Richard Gasquet, Milos Raonic, Gulbis, Janowicz, Carreño… su puesto en el ranking hubiera implicado antes la imposibilidad de competir contra los de arriba: ayer, Berdych borró a Ferrer y Wawrinka sacó a Djokovic (tricampeón vigente sin derrotas en los últimos 28 encuentros) en una reversión de su match a 5 sets el año pasado.  El tenis cambia, muta. Sus características supersónicas, antes privilegio de dos o tres grandes y tres o cuatro talentosos a medio cocer, hoy, como si se hubiera vuelto popular la olla con los poderes mágicos, son el estilo de juego de una camada con hambre. Las leyendas están en problemas.

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