Juego de Tronos

weber

“Feliz Navidad, señor Weber. Está despedido”, sintió que le decía Juan Manuel Gutiérrez, presidente de la Federación de Voley Argentino, cuando el sábado a la mañana lo llamó para comunicarle que no seguía. Hacía días nomás el entrenador había recibido, en una larga reunión para la que viajó hast Buenos Aires especialmente, “el total apoyo” de parte del presidente, pero ya sabemos que en el deporte, lejos de ser una buena señal, la frase es pájaro de mal agüero.

Quizás el desplazamiento de Weber sea recomendable. Quizás incluso podría haberse bajado de la conducción tras los Juegos Olímpicos de Londres, luego de caer en cuartos ante Brasil. Ya por entonces los rumores de rispidez entre jugadores y DT, de severo trato, eran abundantes. Los resultados no terminaban de cristalizar el potencial del equipo y no aprovechaban el exitoso proceso de juvenilea. Entonces se hizo público que dos jugadores clave para la selección, Facundo Conte y Rodrigo Quiroga, habrían lanzado una campaña para exigir un “cambio de aire”. Apuntaban a Weber que, enterado, habló con los jugadores (que negaron que intentaran destituirlo) y continuó en su cargo.

La Liga Mundial de este año confirmó, en ese sentido, todas las sospechas respecto a la falta de feeling entre el plantel y Weber: record de 0-14 y, para colmo, intento de golpe de parte de la generación del 82, tercera en el Mundial disputado en Argentina de aquel año y que luego compartiría plantel con Weber para conseguir la recordada medalla en Seúl 88.

La historia del voley argentino en las últimas tres décadas sería una maravillosa fábula de padres e hijos, de linajes de campeones forjadores de su propia grandeza y de pasiones transmitidas generacionalmente… si no fuera por los complejos ardides que se suceden habitualmente intentando sacar a este y poner a aquel, una lucha entre dinastías que quieren encaramarse en el poder como en la fantasía medieval que transmite HBO. Weber resistió el golpe de sus ex compañeros que querían a Waldo Kantor de entrenador y a Hugo Conte (padre del crack rebelde Facundo) de manager, gracias al apoyo que le brindó en aquel entonces Gutiérrez.

El presidente de FeVA primero reflectó la embestida de la generación del 82, afirmando que confiaba plenamente en su hombre. Luego, reunido con Weber, quien habría puesto a su disposición su renuncia de no contar con el apoyo unánime de los dirigentes, ratificó su pleno apoyo a su gestión. Pero después, como no podía ser de otra manera en este errevesada historia, cuatro dirigentes habrían revertido su postura y operado para convencer a Gutiérrez de que el ciclo de Weber (que no cobró en todo 2013 y que incluso prestó 200.000 dólares de su bolsillo para la organización de la etapa final de la Liga Mundial) estaba hace rato terminado.

“Había fuertes intenciones de continuar con el exitoso trabajo de Weber pero al mismo tiempo algunas federaciones plantearon objeciones que, en una gestión plural y democrática, hay que atender. Eso hicimos, y como Javier Weber  había pedido en las reuniones de estos días un fuerte respaldo para su continuidad, entendí que era el momento de tomar esta decisión dura, pero necesaria, ante la situación que se planteaba. Desde el final de la Liga Mundial 2013 venimos hablando mucho con Javier Weber , y siempre respaldé con firmeza su continuidad, incluso cuando él mismo puso su renuncia a disposición de la FeVA en un hecho de gran generosidad y grandeza. Pero es cierto que para sostener un proyecto de trabajo se necesita mucho consenso para tomar decisiones firmes, y mi lectura fue que en este momento Javier  Weber  no tenía el respaldo que él mismo necesitaba”, escribió Guitérrez en una carta abierta a las federaciones, y agregó:  “No cedí a ninguna presión, no estaba todo arreglado ni mucho menos. Simplemente hice una lectura que creí necesaria por el bien del vóley argentino”.

Sin embargo, Clarín publicó que, al contrario, en la infame conversación telefónica el pope de FeVA le dijo a Weber que “no te puedo sostener. Tengo a la Federación Metropolitana haciendo lobby por Julio Velasco. Dicen que tienen todo abrochado con Julio y el respaldo de tres o cuatro federaciones pesadas”. Al parecer, las federaciones no estaban conformes con los métodos de entrenamiento de Weber (lo acusaban de entrenar poco) y apadrinaron los deseos de Conte, de pública mala relación con el ex entrenador.

El cambio, es cierto, parecía decantarse lentamente. Weber había tomado en 2009 el equipo que había dejado su congeneracional Jon Uriarte. La selección había quedado fuera de Beijing 2008: a ese equipo, Weber lo metió en dos mundiales (2010 y 2014) y lo condujo a Londres 2012, estableciendo a Argentina en el top ten del mundo. Además, en 2011, lo llevó a un histórico cuarto lugar en la Liga Mundial. Weber declaró, a modo de balance, a canchallena: “Devolvimos a la Argentina al grupo de los 10 primeros equipos del mundo. Hoy tenemos un grupo de jugadores que está distribuido en los mejores equipos de las Ligas más importantes. Eso se debe al recambio del 2010. Y con jugadores como Pablo Kukartsev iniciamos el recambio del recambio”.

Pero tras aquel resultado de 2011 Argentina pareció estancarse y los resultados comenzaron a revertirse. Las señales de un proceso desgastado, probablemente, fueran ya añejas: el equipo conducido por Weber resistía su mandato y éste no encontró nunca el rumbo para explotar a una generación joven con todo para dar el salto de calidad.

Sin embargo, que las señales estuvieran marca un error en la lectura de la situación que llevó a esta saga de tramoyas destituyentes, e indica que, efectivamente, el voley argentino insiste en la improvisación y sigue caminos fruto a menudo de luchas internas que se disfrazan de proyectos, siempre interrumpidos. Weber fue señalado a principio de año como el conductor hacia Río 2016, y varias veces se ratificó la confianza plena en el “proceso”: la última fue el pasado jueves, tras lo cual Weber procedió a comenzar la planificación de 2014.

Pero el que está afuera siempre es mejor y sabe más: el mesianismo argentino contagia a la dirigencia y los distintos grupos de presión, lejos de actuar cohesionadamente, parecieran querer instalar a su candidato en el trono. El nuevo mesías tiene nombre: para suceder a Javier Weber se habla nada menos que de Julio Velasco, entrenador multicampeón con Italia.

El cierre lo cedemos a la excelente reflexión de Eduardo Casteglione para Clarín: “Así, entre miserias y asonadas, una tradición en la que las traiciones forman parte inescindible de su modo de ser más allá del cambio generacional de hombres y nombres, el voleibol argentino observa cómo otra cabeza de un entrenador rueda sin pena ni gloria. Casualmente, como la de Jon Uriarte en su momento, cuando desde las oficinas de Ideas del Sur a cargo de Marcelo Tinelli se impulsó desmedidamente a un excelente entrenador como Javier Weber. No olvidar que para aquella brutal embestida contra Uriarte no se midieron procedimientos: desde la negación de jugadores para el partido contra Venezuela, en Formosa, que se perdió para ir a Beijing 2008, hasta la utilización de medios de comunicación para instalar falacias como verdades absolutas. Hoy un juramento y mañana una traición.Dinámica de un deporte que se fagocita a sí mismo”.

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