¿Cambio de paradigma?

¿Hay un cambio de paradigma en el deporte argentino? Durante mucho tiempo, la estructura de los clubes de barrio, asociaciones sin fines de lucro conducidas por dirigentes voluntariosos que no cobraban, convirtió en mala palabra una posible profesionalización de ciertas áreas para potenciar los ingresos de  los clubes. Al sustentarse los clubes a través de la TV, entradas, publicidad y venta de jugadores, la necesidad de mantener el público en sus butacas y a los sponsors en la camiseta, impidió inversiones que no fueran deportivas, es decir, en infraestructura y en potenciar las bases. Los clubes de fútbol, basquet y voley, las tres grandes ligas profesionales del país, entraron en un círculo vicioso donde el deterioro de su patrimonio era constante debido a la urgencia de afrontar una competencia deportiva que se empobrecía constantemente, entre las migraciones motivadas por oportunidades laborales y financieras y la desinversión en juveniles.

El pionero fue quizás Weber Bahía, el proyecto encabezado por Juan “Pepe” Sánchez, base de la generación dorada que regresó a su Bahía Blanca natal en 2010 para resucitar a su Estudiantes y convertirlo en el equipo de la ciudad, una especie de franquicia en el seno de la cuna del básquet en Argentina. La apuesta de Sánchez fue de una osadía impensada: abandonó la persecución de lo deportivo en el corto plazo, comenzó a trabajar de modo profesional con las ricas bases que ofrece el básquet en la ciudad bonaerense, y, sobre todo, apostó a una revolución infraestructural y comunicacional, un plan de inversión en áreas estratégicas que liberaran al club de su dependencia de lo deportivo. A través de la profesionalización del marketing, de una lavada de cara en prensa y de una limpieza general de la imagen del club para volverlo atractivo al apoyo privado, Weber constituyó el primer intento por profesionalizar áreas sin que ello signifique privatizar el club, intentando demoler la vieja dicotomía soberanía-privatización propuesta desde la economía depredadora del neoliberalismo noventoso.

Weber no es una empresa, sino un club que aprovecha la pasión de una ciudad por el basquet para generar mayores recursos, que procura utilizar eficientemente. Los resultados, sin embargo, le dieron la espalda, y entonces se abrió el debate que culminó con los cambios que actualmente atraviesa la Liga Nacional de Basquet. Mientras tanto, se llevaba a cabo un durísimo debate en torno a la profesionalización del rugby, encabezada por Agustín Pichot en su intento por terminar con otra dicotomía similar: los valores del amateurismo luchaban contra el rugby despiadado del capitalismo. La URBA todavía resiste.

Hasta 2012, la bonanza económica había permitido una expansión de las ligas a través de contrataciones que, ante la crisis devaluatoria que comenzó en 2013, se develaron como insustentables. Mientras los clubes apostaban por reforzarse y ganar ligas para atraer anunciantes y público, la estructura, los estadios, la inversión en la formación, permanecía suspendida en el tiempo, sin atisbos de inversión y de un trabajo eficiente en esas áreas. La crisis económica, sin embargo, aceleró la necesidad de los clubes de buscar recursos nuevos y optimizar el uso de los disponibles: las bondades de la imagen del club, más allá de los resultados, se hicieron evidentes e incluso el fútbol argentino, un ámbito particularmente conservador a especialistas de fuera del ámbito, comenzó a incorporar la comunicación a su estrategia financiera.

El fútbol pena, apañado por los salvatajes del dinero público, por los favores de AFA, que consigue así volverlos adictos, y por una histeria general que obliga a contratar refuerzos y nunca a apostar a un crecimiento integral a largo plazo. El basquet intenta cambiar. El voley argentino, tras el cimbronazo que fue la Liga 2012-2013 con el Súper Bolívar de Giba Donald Suxho y Angel Dennis, que terminó con la rescición a media temporada del astro brasileño y el fracaso de la franquicia de Tinelli, apuesta este año a una liga más austera: y para apañar el forzado descenso del nivel de la competición, la ACLAV decidió lanzar supervoley.tv, un portal que permite ver los partidos en vivo y que además es compatible con los celulares inteligentes.

La estrategia busca, de esta manera, aumentar el público que consume el producto voley, lo cual necesariamente implica una revolución productiva para la federación. Además, la característica de los cambios comunicacionales implican una apuesta a un público más joven, lo cual significa, potencialmente, un crecimiento del deporte desde las bases.

Fútbol, basquet, voley: los tres deportes más masivos y federales (junto con el hockey y el rugby) buscan la refundación en tiempos de crisis. No proponen vender el barrio, pero sí adoptar estrategias del mundo financiero para administrar sustentablemente lo que hasta recientemente se manipulaba irresponsablemente, en la siempre carísima persecución del éxito a corto plazo. Por supuesto, la revolución encuentra sus focos de resistencia, algunos entendibles: probablemente del grado de éxito de estas aventuras dependerá su permanencia o su disolución.

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