La bandera olímpica

Por Ezequiel Fernández Moores para La Nación

Cuando el domingo termine la gran kermés, la China comunista buscará ratificar su triunfo de hace cuatro años en Pekín ante Estados Unidos, pero esta vez en la cuna del capitalismo. El anfitrión Gran Bretaña, que vive su propia fiesta en medio de la peor recesión desde la posguerra, celebrará como un triunfo el tercer lugar en el podio final. Noruega, primer país en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que elaboran las Naciones Unidas, un ranking menos difundido que los medalleros olímpicos, tal vez deba despedirse de los Juegos sin siquiera una medalla de oro. Etiopía, que está entre los últimos del tradicional informe anual del IDH, la supera en Londres 2012 porque ya logró dos oros. ¡Hasta Granada, una nación con apenas 105.000 habitantes, conquistó su primer oro histórico en Londres! Países como la Argentina buscarán que Juan Martín del Potro no quede como héroe solitario. Y otros, como el naciente Sudán del Sur, aguardarán la maratón de cierre del domingo para anunciarle al mundo, simplemente, que existen. Los Juegos Olímpicos tienen tiempo y espacio para todos. Reúnen a más países que la ONU. Eso sí, en la fiesta, universal y fraterna, sólo dos de los 205 invitados se reparten buena parte del oro olímpico: China y Estados Unidos.

Las dos primeras potencias sumaban hasta ayer 64 oros. El resto 136. Sólo Michael Phelps, máximo medallista olímpico con 22 preseas (18 oros), se ubica en el puesto 41ero del medallero histórico. El fenomenal nadador estadounidense está por encima de 165 países, entre los cuales figuran la Argentina, la India y México. Los especialistas lo señalan como el mejor olímpico de la historia, por encima de Abebe Bikila, Emil Zatopek, Paavo Nurmi, Lasse Viren, Jim Thorpe, Jesse Owens o Carl Lewis, por citar a algunos de los más grandes. China opuso en Londres a la nadadora del futuro, Ye Shiwen, de 16 años. Su récord mundial en los 400 metros estilos, con un último parcial en el que nadó más rápido que el nuevo fenómeno Ryan Lochte, suscitó sospechas de “doping genético” que fueron lideradas por John Leonard, reputado entrenador de Estados Unidos. La natación china, es cierto, sufrió más de 50 casos de doping en los 80 y 90. La historia olímpica recuerda, sin embargo, a Amanda Beard ganando oro a los 14 años en Atlanta 96; a Dara Torres, más veloz a los 41 años, en Pekín 2008, que cuando tenía 20, y a Ian Thorpe bajando 5 segundos un récord en apenas un año. En Londres 2012, Rebecca Adlington nadó también un parcial más rápido que Lochte y Katie Ladecky fue campeona con apenas 15 años. Se trata de nadadores de Estados Unidos, Australia e Inglaterra. Occidente no sospecha de ellos.

“Forjando a la sirenita mandarina”, se llamó un informe del Daily Mail que contó unos días atrás cómo prepara China a sus campeones olímpicos. Ye Shiwen, “de físico inusualmente masculino”, fue “forzada” a dejar a su familia y fue “brutalizada” en entrenamientos “despiadados”, “cuasi militares”, que “hacen llorar” e incluyen “golpes físicos” y hasta un “lavado de cabeza para ganarle” a Estados Unidos, dice el artículo. El informe no incluía a Gabby Douglas, de 16 años, primera gimnasta negra de Estados Unidos campeona olímpica. Gabby también dejó a su familia a los 14 años. Se fue a Iowa porque quiso tener a la mejor entrenadora: Liang Chow? de China. Más rica, decidida a invertir en la imagen del deporte y, ante todo, con un unicato político que favorece un programa de entrenamiento centralizado y seguramente implacable, China, me dicen especialistas, será cada vez más imbatible. En Estados Unidos, cada entrenador, por supuesto, es libre de elaborar su propio plan. Pero son criterios comerciales los que imponen el despropósito de que algunos campeonatos nacionales se celebren apenas semanas antes que los Juegos Olímpicos. El mismo criterio que lleva también a la NBC a transmitir desde Londres con cuatro horas de retraso, aunque Phelps se esté coronando máximo medallista de la historia. Todo sea por el rating: Londres 2012 tiene una media de 35 millones de espectadores diarios, el mejor registro de la NBC desde los Juegos de Montreal 76.

A diferencia de la vieja Rusia, el mundo capitalista, por mucho que se asuste el Daily Mail, precisa hoy ser socio del comunismo chino. Sin chances de revivir los tiempos de la Guerra Fría, los Juegos dramatizan entonces triunfos y derrotas personales. “Un fracaso más”, exageró O Globo el tercer puesto del velista Robert Scheidt, bicampeón y cinco podios olímpicos, 22 títulos mundiales, gloria del deporte brasileño. El judoca Diego Hypolito pidió perdón llorando a sus patrocinadores. Los atletas pasan sus vidas en piscinas, pistas, canchas y gimnasios. Obligados a ser ejemplo para vender sueños y zapatillas, son arrojados a la hoguera si no hay medalla o si, como le sucedió al propio Phelps en 2009, un diario los muestra fumando marihuana en una fiesta privada y en sus primeras vacaciones después de años. Por suerte, News of the World, la cloaca dominical del magnate Rupert Murdoch, ya fue descubierta y no hubo teléfonos pinchados ni cámaras clandestinas en la Villa Olímpica de Londres.

Momento cumbre de sus carreras, los Juegos, supuestamente apolíticos, ganan poder al presentar a los atletas con himnos y banderas, como portadores del prestigio de la nación. Las banderas, eso sí, deben ser las correctas. El boxeador Damien Hooper, de 20 años, salió a su primer combate con una camiseta que tenía la bandera de los aborígenes australianos. El Comité Olímpico Internacional (COI) lo intimó y lo obligó a no saludar más a su pueblo. Mejor emocionarse con Oscar Pistorius, el sudafricano de piernas amputadas ejemplo de superación, pero también bandera de una “maquinaria económica” que habla de su tigre blanco y su novia rusa y evita los comentarios casi unánimes sobre las supuestas ventajas de sus prótesis de carbono, como escribió Carlos Arribas en El País. Los Juegos, dijo Jackie Ashley en The Guardian, feliz por los triunfos del “Team GB”, nos ofrecen un mundo casi perfecto. “Héroes” que nos hablan de “trabajo, ética, sacrificio y pertenencia”. Les recuerdan a nuestros líderes políticos -agregó Ashley- “que hay una Gran Bretaña diferente”. Gran Bretaña superó ayer la cosecha de Pekín 2008 y vivió una jornada de fiesta nacional. “¿Dio alguna vez Inglaterra tanto asco por el patriotismo?”, se quejó Morrisey, ex vocalista de la banda The Smiths, que enumeró recortes, ajustes y pobreza y citó un grafiti que vio en las calles de Grecia que decía: “Despertemos, despertemos”.

La maratón del domingo nos recordará el ideal griego. Maratón fue donde unos 10.000 atenienses vencieron al ejército persa, que los triplicaba en efectivos, un 11 de agosto del año 490 a.C. La batalla que salvó a Occidente del invasor asiático dio nombre a la prueba clásica de unos Juegos liderados hoy por el gigante chino. Se inspiró en la leyenda de Filípides, el hombre que, supuestamente, corrió hasta Atenas para comunicar “nenikekamen” (hemos ganado), antes de morir exhausto. “Grecia no sólo es la cuna del olimpismo y la democracia, sino la madre de todos los ideales paneuropeos.” Lo dijo un funcionario griego al justificar que sus dirigentes olímpicos, no obstante la bancarrota del país, alquilaran durante los Juegos el Carlton Club, uno de los trece clubes privados más antiguos, elitistas y aristocráticos del exclusivo barrio St. James, de Londres. Por allí cerca, a metros también del Palacio de Buckingham, largará y llegará la maratón del domingo. Entre los miles de atletas que correrán por otras postales de Londres y por calles que, para desorientación del turista, cambian abruptamente de nombre ante el más mínimo desvío, estará Guor Marial. A los ocho años, Guor escapó corriendo de un campo de trabajos forzados. “Me juré que nunca volvería a correr”, contó Guor hace poco. Exiliado en Estados Unidos, cambió de idea y soñó con llegar a los Juegos Olímpicos. Pero no a cualquier precio. El COI, que sí admite en los Juegos a trece equipos no reconocidos como países, niega en cambio a Sudán del Sur. El país más joven de la Tierra formó selección de fútbol al día siguiente de su independencia, el 9 de junio de 2011, pero sigue sin crear un Comité Olímpico nacional. El COI pidió a Guor que compitiera entonces con la bandera de Sudán. El atleta se negó a representar al país que, según dice, mató a 2 millones de compatriotas, entre ellos 28 familiares suyos, incluidos ocho hermanos. Guor correrá el domingo como atleta independiente. Usará la bandera olímpica, cuyos cinco anillos representan, con el blanco de fondo, los colores de todas las banderas del mundo. “Vestiré el uniforme olímpico, pero seré un símbolo de Sudán del Sur”, dice Guor. Ni siquiera Coubertin podría negarle ese derecho.

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