Romanticismos aparte: Argentina buscará tras mucho tiempo algo más

Arranca el atletismo, la diva de los Juegos. Después de muchas participaciones espurias de esforzados atletas, esta camada promete dar que hablar en el futuro y mientras, romper con la racha maldita de 60 años sin un argentino en finales olímpicas.

Por Pedro Garay

Hace 70 años, desde 1952, un argentino no alcanza una final olímpica en una prueba atlética. El atletismo en el país es, a pesar de su importancia en la hegemonía deportiva mundial, una disciplina desterrada de las agendas escolares y, hasta recientemente, de los planes de soporte financiero. En la absoluta oscuridad y en el menos romántico y más amargo de los amateurismos, sin infraestructura, “pegandole balas a …”, como contó alguna vez Jehnny Dahlgren, los argentinos soñaban con alcanzar siquiera un Juego Olímpico. El panorama empieza, lentamente, a cambiar, a partir de la constitución del Enard, pero los juegos de la explosión serán, si todo sigue así, los de Río 2016. No habrá medallas en 2012: el objetivo de este año será sumar experiencia olímpica, siempre dura con los debutantes, y buscar romper de una vez por todas la maldición de los sesenta años.

Las metas de los atletas argentinos serán diferentes entre sí. Está la camada más joven, la primera generación Enard, que buscará aclimatarse a la alta competencia internacional y vivir un juego olímpico. En este tipo de circunstancia, algunos deportistas se sueltan y dan lo mejor de sí, y otros se atan: si para algunos la esperanza es superar las marcas personales, la experiencia les servirá para ver lo difícil que es rendir cuando más importa.

En el lote de los atletas inexpertos estarán el veterano Juan Cerra, de 35 años, en martillo, Javier Carriqueo en 5000m, Rocío Comba, que con apenas 25 años va por sus segundos juegos y buscará mejorar los 51,36 de Beijing, y Juan Manuel Cano, que participará, con jóvenes 24 años, otra vez en los 20 km marcha olímpicos. Miguel Barzola, el mejor fondista argentino de la actualidad, es junto a Jennifer Dahlgren el único atleta que entró a los juegos con marca A. El esforzado maratonista, de oficio albañil, quizás no pelee la vanguardia, pero sin dudas apuesta a conseguir una ubicación alta. María Peralta, también maratonista, completa el grupo.

Sin dudas el caso intermedio es el de Brian Toledo. El joven, cara principal del proyecto deportivo nacional por haber surgido de los Juegos Evita, estará lejos de una medalla seguramente, por más que se supere a sí mismo, en sus primeros juegos: campeón iberoamericano y bronce en Guadalajara en 2011, su plusmarca nacional de 79,87 lanzada hace un mes nomás tiene olor a final, pero se encontrará lejos del podio, que andará algunos centímetros por debajo de los 90 metros. Pero podría, por lo visto en las últimas Diamond League, aspirar a un diploma, si se encuentra en lo más alto de su juego y lo ayudan los demás. Alcanzar una instancia semejante representaría para Toledo una chance de crecimiento única de cara a los Juegos de Río.

Hay otros deportistas, con más experiencia, que van por un poco más que superarse. Las máximas esperanzas de final olímpica reposarán sobre los hombros morrudos de Jenny Dahlgren y Germán Lauro. Jennifer competirá en lanzamiento de martillo, disciplina en la cual ostenta el record sudamericano (73,74, marca que además viene rondando durante el año) y el séptimo lugar en el ranking mundial. No depende de sí misma, pero de tener una actuación superlativa, el sueño de la medalla no sería una quimera. En su tercer juego, Dahlgren buscará la final.

Así como Dahlgren precisa un mal día de algunas de las bestias atléticas que competirán en los Juegos para pensar en presea, Lauro tiene la chance concreta de quedar entre los 16 primeros que pasan a la final, pero dependerá de otros para colarse entre los ocho diplomados, además de arrimarse a los 21 metros. Lauro, un balista muy regular, se ha preparado a conciencia y buscará superar el record nacional que ostenta (20,43) y llevarse el diploma olímpico. También participará en lanzamiento de disco, pero con menores expectativas.

Argentina lleva un grupo nutrido de atletas, por primera vez con la expectativa de que algunos de ellos puedan pasar de la primera ronda de sus competencias, como viene siendo costumbre. Sería el paso inicial para interesar a los jóvenes en el deporte, a partir de cierta exposición mediática (mínima, por cierto: competirán contra el arranque del fútbol; aquella propaganda romántica de Gatorade sobre los atletas olvidados durante 4 años es bastante cierta), y también a los atletas, hartos de la lucha amateur nada rosa que, cada cuatro años, los lleva a realizar un gran viaje con gran esfuerzo para que todo se esfume demasiado rápido.

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