Esgrima en Argentina: de los días dorados a un presente difícil

La disciplina tuvo un representante argentino en todos los Juegos Olímpicos desde 1924. De Camet a Pérez Maurice, grandes logros, una medalla y la declinación del deporte en Argentina.

Por Pedro Garay para VAVEL.com

Los caballeros argentinos todavía dirimían algunas disputas menores con duelos a florete allá por los albores del siglo XX, cuando los clubes deportivos eran de filiación absolutamente anglosajona y los barriales recién comenzaban a asomar con su impronta más popular. El arte del sable contaba ya con una prestigiosa tradición entre los militares y la alta sociedad en Argentina cuando, en 1924, Argentina envió su primera delegación olímpica que incluía representantes de esgrima. Desde ese juego al presente, nunca ha habido una Olimpíada sin un esgrimista argentino. Londres 2012 tuvo a Belén Perez Maurice para continuar la tradición de un deporte en extinción en el país, pero que supo darle, allá por tiempos legendarios y amarillentos, una medalla olímpica al país en los memorables juegos de 1928, que contaron con Gardel, de vida parisina, de espectador y siete medallas: el fútbol, la natación y tres veces el boxeo se sumaron a la presea de bronce conseguida por el equipo de esgrima liderado por Roberto Larraz.

Roberto Larraz

La historia del cuarteto que conquistó el tercer puesto olímpico hace 84 años no comienza en 1928 sino en 1900. En los Juegos de aquel año el país no tuvo una delegación oficial pero sí su primer atleta en participar: Franciso Camet decidió mandarse solo hasta París y competir en la prueba espada, alcanzando entre 104 espadachines, un increíble quinto puesto y el primer diploma olímpico para el país. Cuatro años después nacía su hijo, Carmelo Camet, partícipe en la única medalla de esgrima que ostenta Argentina. Carmelo llevaba la esgrima en las venas: comenzó la práctica en 1920, en un momento donde la esgrima era una de las opciones más elegidas por los jóvenes, se practicaba en escuelas y el país contrataba grandes maestros y realizaba grandes torneos. Y ya en 1922 representaba al país. Clasificó para los Juegos de 1924, pero prefirió perseguir sus estudios en abogacía: otros tiempos, claro.

A aquellos juegos otra vez parisinos, con la primera delegación argentina, viajaron los esgrimistas Horacio Casco, Angel Santamarina y dos futuros medallistas: el joven Luis Luchetti, 22 años para quien reemplazaba al futuro presidente Perón, que no viajó por orden de sus superiores en el ejército, y Roberto Larraz, un pedazo de historia de la esgrima argentina. El equipo terminó quinto en la prueba de florete: Larraz consiguió otro diploma para la delegación alcanzando él también el quinto lugar.

A Camet le picó el bichito y volvió al ruedo enseguida: en 1926 fue campeón nacional y consiguió así un lugar en el equipo olímpico para Ámsterdam junto a Larraz, Luchetti, su hermano Héctor Luchetti (de quien fue suplente) y Raúl Agnannuzzi. El equipo sorprendió al mundo, alcanzó un tercer puesto para la historia y terminó tan agotado tras la cantidad de combates librados que decidió no formar parte de las pruebas individuales que quizás hubieran ampliado la cosecha. Sin embargo, siguieron haciendo historia: Larraz fue séptimo en florete cuatro años más tarde, y otro argentino, Raúl Saucedo, quedó décimo en espada; además, junto a los hermanos Luchetti, lograron otro séptimo lugar en Berlin 1936 en la prueba por equipos. En aquellos juegos Larraz y Saucedo participaron en el equipo de espada junto a los Luchetti, pero quedaron lejos. Bajo la órbita de Roberto Larraz, la esgrima olímpica argentina alcanzó cinco diplomas y una medalla. El hijo de Raul Saucedo, Guillermo, es considerado el mejor esgrimista de la historia del país, el único doble campeón panamericano de la historia del deporte.

Belén Pérez Maurice es parte de otros tiempos, con el país lejos de la práctica extendida y la elite del deporte. Los clubes fundados casi exclusivamente para la práctica de esgrima (Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, Gimnasia y Esgrima La Plata y también las escuelas de esgrima) han mutado a clubes sociales que, más allá de encontrarse en el centro de la capital, han adoptado deportes más masivos y dejado de lado esta  disciplina que supo tener una escuela propia. “A nivel continental estamos bien, pero en realidad nos falta. A nivel mundial yo sola clasifiqué a los Juegos Olímpicos”, reconoce la única esgrimista.

La historia de Perez Maurice, lejos del circuito profesional al otro lado del Atlántico y ante la inexistencia de una competencia profesional en Argentina, es conocida: practicó la esgrima por herencia familiar en el Círculo Militar, que sostiene la tradición, entrenada por Lucas Saucedo, hijo de Guillermo y nieto de Raúl. Consiguió una medalla de bronce en el Panamericano de Esgrima de 2011 y una dorada en el Sudamericano de Chile, luego de decidir, alrededor de 2009, abandonar su carrera de modelo y dedicarse de lleno a la esgrima. La decisión le costó llegar apenas 5 días antes de competir a Londres, luego de no conseguir los fondos  para una preparación adecuada: la joven subsiste representando al Ejército en competencias de esgrima mientras termina los estudios universitarios en ingeniería de los alimentos, que también tuvo que suspender para entrenar luego de enterarse de la clasificación a los Juegos, por ranking, este año en Moscú. Un premio, a pesar de la derrota hoy ante la italiana Gioia Marzocca, a una carrera signada por los sacrificios.

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