Pasto para las fieras

Por Pedro Garay

Nunca más volverá a repetirse un torneo olímpico de tenis como éste. En el sagrado All England, apenas semanas después de que haya sido sede de la competición más tradicional del deporte blanco, Wimbledon, se enfrentarán el irreverente Djokovic, que busca remontar luego de medio año en absoluto similar a su arrollador 2011, que lo dejó sin Roland Garros y sin Wimbledon, ante el dueño absoluto del césped inglés y mejor tenista de la historia, Roger Federer, que busca su primera presea en singles en lo que quizás sea su última chance para conseguir el único título que le falta a sus vitrinas. Sería el final perfecto de una saga para la eternidad.

Las actuaciones de Federer en las Olimpíadas habían sido su gran deuda: 2004 lo vio perder apenas 6 partidos, y uno de ellos fue ante Berdych en Atenas, una sorpresa en una temporada abrumadora que lo tuvo dueño de tres de los cuatro torneos grandes; en 2008 se vengó de Berdych, pero lo bajó James Blake… Torneo bastante ninguneado a pesar de que hace rato reparte puntos a la altura de los masters, esta edición resulta demasiado tentadora por ser en Wimbledon y, además repartir por primera vez puntos: serán 750 para el ganador, 450 para el corredor arriba, 340 el bronce y 270 el cuarto, lo que significa que quien termine en mejor ubicación de los dos candidatos se quedará con el primer puesto del ranking: a Federer y a Nole los separan apenas ¡75! puntos. Wimbledon II pondrá en juego cuentas pendientes y la disputa por el uno.

En medio de esta contienda por todo, uno no puede sino extrañar a Rafa Nadal, experto en eso de derrocar los candidatos, trastocar los estatus, subvertir los rankings y armar las más grandiosas batallas del tenis. El fuego de Rafa se apagó ya en Wimbledon, donde desganado y dolorido se dejó ganar ante el ignoto Rosol, para luego retirarse de los Juegos Olímpicos, su competencia preferida, en la cual sería el abanderado de España. Una vez más, su físico le pasa factura por su explosividad y abre signos de interrogación sobre su futuro que probablemente use de combustible para enojarse y desmentir el retiro apurado con un par de victorias.

Sin Rafa no será igual: el duelo entre Djokovic y Federer es más frío, en parte, porque Federer lo tiene bastante de hijo. Sin embargo, la salida de Nadal abre las chances para el segundo pelotón hambriento de gloria: tenistas como Andy Murray, que busca ser profeta en su tierra tras la desgarradora derrota en la final reciente de Wimbledon con Roger; tenistas como Ferrer, Tsonga o Del Potro, lejos de los primeros tres, que juegan a otra cosa, pero capaces de pegar algún batacazo y capturar alguna medalla; y también, por qué no, para tenistas con un corazón más olímpico, de menor ranking pero mayor rendimiento ante ese ambiente tan especial de un Juego Olímpico. En el pasado fue Fernando Gonzalez, que con tres títulos ATP en toda su carrera se llevó tres medallas en dos ediciones consecutivas, una barbaridad. Había quienes consideraban a Nalbandian capaz de tales hazañas: en el primer día de competencia el sorteo lo mató y perdió en singles y dobles. Queda vacante el lugar del batacazo por la patria: ya pica la pelota en el césped de Wimbledon, el torneo olímpico más competitivo en mucho tiempo, en la epoca más competitiva del tenis de toda la historia.

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