Alma y corazón

Por Pedro Garay

Hace más de una década, el deporte argentino no-futbolístico, el que no consumimos con masoquismo día tras día, reposa sobre dos selecciones: ayer arrancaron los Juegos Olímpicos para el grueso del público con el debut del hockey y del basquet, que han transformado deportes de barrio y club en un fenómeno que moviliza y conmueve, en apenas diez años.

Diez años, claro está, bañados de una gloria inimaginada dentro de un país donde la inversión privada va necesariamente al fútbol, que vende le vaya bien o mal, y donde a nivel asociaciones había poco vuelo y mucho menos dinero para crear de la nada misma atletas competitivos en la arena internacional. Diez años de títulos epopéyicos, derrotas dolorosas y superaciones valientes de esas derrotas. Diez años de una generación que verá sus últimos Juegos Olímpicos, dejando una escuela y una mística que irá más allá de las enseñanzas y garantizará que Argentina, aunque no gane una medalla en cada cita olímpica, permanecerá en la elite del deporte.

Es mucho. Pero su rol no se circunscribe a su deporte: sus hazañas sirvieron para motivar a otros seleccionados, a otros atletas que convivieron con ellos desde Sydney 2000 a esta parte. En los últimos dos juegos han sido sin dudas la contención de la delegación, los padres de una multitudinaria familia, que inspiran con ese aire de gente común que consigue cosas extraordinarias y dan el ejemplo entrenando con una disciplina superprofesional acorde al grupo que componen cotidianamente, pero con una alegría y una camaradería propios de los equipos más amateurs, los del barrio hechos entre amigos. Manu fue abanderado en 2008, Lucha en esta edición: prueba concreta de su rol en el olimpismo argentino y su peso en el deporte nacional, que recibió la calurosa visita del apoyo privado gracias al magnetismo provocado por estas generaciones doradas y el deseo de descubrir las nuevas generaciones exitosas y ligarles el nombre de alguna marca.

Las Leonas debutaron con un estruendoso 7 a 1; el básquet venció muy bien al complicadísimo Lituania en un partido clave para pasar de ronda. Las chicas van por el trofeo que les falta, la dorada olímpica, pero saben que entre las 12 del hockey antes había 5 débiles donde ahora hay dos o tres. Será duro. También lo será para los chicos, que apuntan al bronce conscientes del poderío de España y EE UU y del cansancio que le supondrá el durísimo torneo a un plantel grande. Traigan lo que traigan, el bronce de la estatua lo tienen asegurado: son las mejores dos selecciones de la historia y el alma y el corazón del deporte argentino.

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