Valor

valor(Del lat. valor, -ōris).

Importancia de una cosa, acción, palabra o frase.

Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros.

Por Pedro Garay

Paula Pareto estaba desgarrada en el alma. Cada pregunta luego de su derrota le ardía, la quemaba por dentro. Bronca pura tenía acumulada, tan cerca había estado de volver a robarse la medalla de bronce a puro coraje, pequeña de gigante corazón. Y tan consciente de que ahora habría que esperar cuatro años, entrenarse durísimo, posponer la vida y romperse el lomo para, a lo mejor, volver a estar frente a la misma oportunidad.

La entrevista tras la pelea contra Van Stick por el bronce duele. Pareto, quebrada, se pregunta si debe continuar o debe prestarle atención a su futuro, los estudios de medicina colgados, la vida de una persona normal: el Enard soluciona los problemas del presente de los atletas, les permite abocarse de lleno a sus actividades hoy, pero muchas disciplinas, aún a nivel mundial, no garantizan el futuro del atleta, cuya vida profesional es cortísima. La Peque llegaría a los próximos juegos con 30 años: el roce y la experiencia para una judoca son armas, no deficiencias. Y sin embargo, en aquel momento la valiente judoca no pudo sino cuestionarse todo el esfuerzo.

Minutos más tarde, desahogos mediante, la Peque se mostró más calma. Aunque mencionó que se tomaría unos meses para ponerse al día con la facu, negó dejar de competir: “Buscaré mi revancha y no bajaré los brazos” escribió más tarde en su cuenta de Twitter. Incluso pidió apoyo para todos sus compañeros, convirtiéndose en inmediata candidata a ser la abanderada de la delegación del 2016: si no será la abanderada del alma los deportes que la reman día a día.

Porque mientras países como Brasil, gracias a una gran inversión de cara a sus juegos de 2016, se vuelven más y más competitivos (en la categoría de Paula ganó la carioca Menezes; además, en los hombres hasta 60 kg el vecino país cosechó una medalla de bronce) Argentina sufre el ninguneo de la comunidad judoca: sin dudas sintió Pareto que el estatus del país en el mundo del judo incidió en la ambigua decisión de los jueces en el combate final, que decidieron terminar una pelea cerrada dando por ganadora a la europea. El judo brasileño, de gran influencia japonesa, crece, y para Río la medalla suena aún más complicada: la Peque, por quien nadie daría un mango, sabe de batacazos porque confía en su silencioso trabajo, en el esfuerzo del que brota su coraje infinito.

Lo mismo le sucede a Federico Molinari, hoy en boca de todos y seguramente olvidado pronto. Molinari tenía como último antecedente un sexto puesto en anillas en el pasado Mundial que lo ubicaba con chance realista de convertirse en el primer gimnasta argentino en acceder a una final en gimnasia olímpica. Sin embargo, no figuraba entre los pronósticos de actuaciones destacadas, o por desconocimiento, o por descreimiento, o sencillamente porque hay quienes no consideran una final olímpica un hecho valorable. Federico, en tanto, se tenía muchísima fe: una confianza mesurada, madura, cimentada en los resultados cosechados en base a un trabajo en el anonimato absoluto. En las entrevistas él se jugaba varias fichas a su actuación: vino a alcanzar la final y lo consiguió. Lo que viene será extra.

El objetivo no siempre puede ser la medalla dorada: Pareto y Molinari han conseguido con creces cumplir con las expectativas, lo cual conlleva un enorme valor por ser objetivos trazados apuntando a lo más alto de deportes que viven en el olvido absoluto durante cuatro años en Argentina. La judoca perdió el combate que vino a pelear, pero estuvo allí, por segundo juego olímpico consecutivo, en la elite mundial de un deporte sin ninguna tradición, infraestructura o promoción en nuestro país. Es una de las seis mejores judocas del mundo en su categoría y le hace frente a cualquiera, complicandole la vida hasta el repechaje a la número uno. Mucho más de lo que puede decir la mayoría de los atletas que participan de las Olimpíadas.

El gimnasta, en tanto, tuvo que esperar a alcanzar sus maduros 29 años para lograr su sueño de llegar a un juego olímpico: una dura lesión lo dejó afuera de lo que hubiera sido para él un promisorio Beijing 2008. Aquella frustración lo alimentó, y ya en 2009 se convirtió en el primer argentino en meterse en una final del all around en un mundial: el torneo se disputó, cosas del destino, en Londres. Compite en un deporte que practicamente no le ha deparado a Argentina alegrías ni siquiera a nivel panamericano; él también será parte de la elite mundial cuando, el 6 de agosto, dispute la final de anillas. Si el Mundial de Gimnasia no tiene demasiada cobertura mediática, quizás esta final olímpica le permita a Molinari acceder al reconocimiento del país a sus esfuerzos, un mimo necesario. Molinari obligó a la humildad, revalorizó con actuación el significado del amateurismo. “Fue inspirador charlar dos minutos con vos y sentir tu emoción”, comentó Scola en su cuenta de Twitter. La de Fede, la noticia más emotiva del día para la patria olímpica,  será seguramente uno de los tres o cuatro momentos más importantes para Argentina en Londres.

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